Sólo el tiempo podrá decir quién acertó en sus predicciones, cuando sea demasiado tarde para que dichas predicciones y opiniones sean de importancia y valor, lo cual demuestra la, cuando menos, relativa utilidad de estos textos que uno de vez en cuando escribe. Aún así, y siendo consciente de las limitaciones que esta comunicación conlleva, quiero hoy hablar de la nueva trampa, del nuevo agujero que estamos inventando para hundirnos más y más en una crisis sin precedentes que cambiará el mundo hacia algo nuevo y ciertamente distinto de lo que es ahora. Estoy hablando del engaño de las tecnologías verdes, de la corriente ecológica, del lavado cerebral de lo "green".
Este autoengaño parte de la mente humana que, bañada en un fondo cultural multigeneracional, percibe los problemas sólo a través de la distorsión de dicha cultura, y crea "soluciones" cuya misión es más comportarse de acuerdo a los cánones de dicha cultura, más que solucionar o cambiar nada. Nuestra cultura es la cultura de la dualidad. Separamos la "realidad" en conceptos, calificamos las cosas en soluciones y problemas, las actitudes en buenas y malas, el todo en objetos separados, y dichos objetos en "natural y artificial". Con las gafas de nuestra cultura nos damos cuenta de cómo nuestra forma de vivir en insostenible a corto plazo, cómo una crisis múltiple, encabezada por los problemas de la crisis energética y de recursos, seguida por el manido cambio climático, y culminada con la extinción masiva de especies y el colapso de abundantes ecosistemas, se cierne sobre nosotros como nubarrones de densa tormenta. Incluso la deformada imagen que vemos, una vez filtrada por nuestra mente, adoctrinada por nuestra cultura, es preocupante, y la mente (la cultura misma) busca soluciones. Estas soluciones tienen que tener un punto de verdad, para poder apaciguar el genuino nerviosismo que la visión de la crisis nos produce, pero, puesto que son un producto de lo que somos ahora mismo, no pueden solucionar nada, puesto que lo que somos ahora mismo es lo que nos llevó hasta aquí. Como una tortuga atrapada en un incendio, la solución no es correr, porque el incendio seguirá detrás de nosotros, ni volar, porque simplemente no podemos. La opción es pararse y esperar que el incendio no sea tan fuerte para que nos achicharre dentro de nuestro caparazón, y luego intentar sobrevivir en el desolado bosque quemado.
Pasemos ahora de esta descaradamente ambigua introducción, hecha a propósito, a la explicación. Evolucionemos de lo general a lo particular. Estamos hablando de la crisis de la subida del petróleo, del aumento del precio de los alimentos, de la carrera hacia las energías renovables. Estamos hablando de cambio climático, del problema de la sequía y la demanda de agua. Estoy también hablando de los pueblos que no pueden beber su agua por el excesivo uso de fertilizantes, de las costas plagadas de casas, de los ecosistemas rotos. Estoy, en definitiva, hablando de la invasión que una cultura particular (nosotros) hemos hecho en nuestra propia casa.
Las soluciones vienen, ¿por fin?, de manos de políticos y pensadores (que no son sino la extensión hablante de nuestra cultura). La solución que proponen es la única que nuestra cultura sabe. La solución del más. Más coches, pero híbridos. Con más eficiencia. Más energías renovables. Más paneles solares. Más transporte público. Más tecnología. Más complejidad. Pero, si estas mismas cosas son las que hemos hechos durante los últimos años (o incluso milenios, me atrevería a decir en un toque de locura antropológica), ¿por qué van a funcionar ahora?
Sigamos nuestra exposición transmutando poco a poco de lo general a lo particular. Aún estamos en lo general. ¿Es más tecnología la solución? ¿No crea la tecnología nuevos problemas que requerirán MÁS tecnología para ser solucionados ad-infinitum? ¿Y las energías renovables? Bien, un panel solar requiere energía para producir energía. ¿Estamos seguros de que si incluimos todos los costes energéticos de su producción, transporte, mantenimiento y futura eliminación, el panel producirá un balance neto de energía? ¿Y no ha sido, precisamente, la existencia de energía barata la causa del problema de su gasto, de su uso para transformar ecosistemas?
Gracias al engaño de lo verde, nos quieren convencer de que reemplazando nuestra bombilla normal por una de ahorro, el mundo será un lugar mejor. Pero es que la sociedad necesita una excusa para producir MÁS, para seguir dándole a la rueda de la producción. No niego que sea cierto que, SI se nos funde una bombilla vieja (nótese el SI) pueda ser más "eficiente" poner una de ahorro. Aún así, no estoy seguro porque, aunque la bombilla de ahorro ahorre energía una vez fabricada, no se cuanta más energía se necesita en su fabricación. Si ahorramos 3, pero gastamos 4 más, el truco de prestidigitación de decir que es una bombilla "eficiente" desaparece cuando uno ve la solución en su totalidad, sin las gafas de la mente, que separa y compartimentaliza. Y si dichas dudas parecen legítimas para cambiar una rota por una nueva, la locura verde de cambiar una bombilla que está actualmente en funcionamiento y puede durar muchos años más, no tiene sentido. Algo no eficiente que ya está hecho tiene una gran ventaja frente a algo eficiente que tiene que ser hecho. A la hora de ver que es más eficiente, lo que está por hacerse tiene que sumar la energía de su fabricación, transporte e instalación, y compensar todo ese gasto con una futura eficiencia, que tiene que ser muy grande para realmente ser rentable.
Pero la cultura actual del más, del consumir, del mercado y la simplificación de la humana existencia al humano intercambio de bienes, no quiere ver la cosa en su totalidad. Pretende que un coche híbrido sea más "green" porque da unos pocos kilómetros más por litro, pero todos los litros de gasolina gastados en su producción, en la fabricación de dos motores (más motores) en vez de uno, la batería extra para cargar el coche (más baterías), etc... no son contabilizados en el típico ardid de la mente que sólo ve lo que la interesa. Y al igual que la mente cree en un Dios creador que no necesita de otro Dios creador que cree al primero, la mente cree en una solución que ahorra energía y no necesita de esa misma energía para crear la solución. La mente pone el límite de donde las cosas son razonables, y donde no, y mueve el límite para explicar su propia cultura, y para autocomplacerse con las bondades y verdades de su propia cultura. La mente que se maravilla de los ahorros de la bombilla, no ve que su contenido en mercurio la hace extremadamente peligrosa, y cree que una milagrosa solución hará que sea creada de la nada, reciclada en su totalidad y produzca sólo luz ahorrando y haciendo feliz a un sonriente planeta. La mente que encontrará una forma de hacer paneles solares que no contaminen, que no necesiten cantidades ingentes de energía en su producción, que no cambien el albedo del planeta contribuyendo a un calentamiento de éste, que no afecten a los ecosistemas en su instalación, etc. La mente que ve las bondades de lo nuclear, que logrará sacar el uranio de la nada, y desaparecer los residuos radiactivos por meros poderes parapsicológicos del deseo. La cultura del más, donde todos podremos viajar más, regar más los jardines, ser más felices, tener más televisiones más grandes con más tecnología, más canales y más contraste.
Llegados aquí, el lector (si es que queda alguno que haya llegado hasta aquí) quizás se pregunte como no he acabado ya esta algo caótica exposición de pensamientos amalgamados. No lo he hecho, porque mi intención es introducir al lector en la solución de la no solución, donde el problema es la solución, y la solución es el problema. Donde menos es más: El contraste de una forma de vida con menos.