15 mayo, 2009
Cuando la solución es el problema.
Esta medida me deja atónito. Parece que aún no entendiéramos que un sistema cuyo axioma fundamental es el crecimiento perpetuo, no es sostenible. Metidos de lleno en nuestra vida urbanita y habiendo mamado de la mitología de nuestra época, no parecemos ver que todos esos coches no son sino fruto de la transformación de la naturaleza, para nuestro consumo propio, dejando excluídos no sólo a otros seres humanos, sino también al resto de seres vivos. Este hecho no parece importarnos, si no fuera por que la telaraña de la vida depende de todos y cada uno de esos otros seres vivos, plantas, animales, ríos, aires, que calificamos como "recursos", cosas a explotar.
Viendo una crisis que ha sido producida por el colapso del modelo immobiliario, junto con el alcance del pico de producción de petróleo, las soluciones con que empapan nuestros cerebros son más y más de lo mismo. La repetición del credo del crecimiento. Parece que no hemos visto como el crecimiento en la construcción en el que depositamos nuestras esperanzas, ha traído ahora estas miserias. Una vez urbanizadas todas las playas, alicatados todos los bosques, aqui estamos, sin nada más que construir sumidos en nuestra desesperación. Una vez construidas todas las autopistas, tuneladas todas las montañas, ¿qué haremos?
Este nuevo dogmatismo por el crecimiento, que parece no querer reconocer los límites del mundo físico, que parece no ver que la producción de petróleo está disminuyendo, que parece no darse cuenta del agudo problema energético al que nos enfretamos, y que ha transformado el problema del cambio climático en una excusa para vendernos productos pintados de verde, es horripilante. Y las soluciones que nos ofrecen, son un empeoramiento del problema: más coches, más casas, más, más y más.
A esta consciencia que es uno sólo le queda ver cómo se desarrolla el drama de lo humano, y sonreirse en el interior, una vez reconocido que no hay nada que hacer, ningún sitio donde ir, nada que resolver, al ver, una vez tocado el fondo, que la solución parece ser el problema, y quizás el problema sea la solución.
01 mayo, 2009
Cantidad y calidad de vida
La razón sería simple de ver, si no fuera por la tendencia humana a ver lo que queremos que sea, y no lo que es. La sociedad que hemos montado y los mitos en los que creemos, modelizan al ser humano como algo racional, pero el ser humano es irracional y no es un mero algorítmo.
Desarrollemos el tema con un ejemplo. Imaginemos que de cada 1.000.000 de personas, 100 mueren por un tipo de cáncer, que, detectado a tiempo, podría salvar a 80 de esas personas. La solución lógica es revisar periódicamente a ese millón de personas para detectar dichos síntomas. No obstante, el ser humano no es un robot. No le dicen a uno que se revise, y lo hace uno y ya está. El hecho de conocer que uno puede morir de dicho cáncer, de por sí, altera esa máquina. Le preocupa. Esta persona, ve que puede uno optar por ir al médico, pasar la prueba, que le digan si tiene el cáncer o no, o no ir al médico y nunca pasar la prueba. Los beneficios de la primera estrategia es que, si lo tiene y se lo curan, vivirá más. Los beneficios de la segunda es que se ahorra ir al médico, y sobre todo y más importante, se ahorra la preocupación, la inseguridad, el dilema de "y si me dicen que lo tengo y no me lo puedo curar". En estas condiciones el ser humano puede optar por elegir la segunda opción.
Otro ejemplo: la actual gripe del cochinillo asado. Lógicamente, el estar informado puede disminuir las probabilidades de que uno muera por ella o enferme seriamente, es decir: la información aumenta la calidad de vida. También, la mera información crea la paranoia, alarma y pánico que estamos viendo a nuestro alrededor, lo cual disminuye bastante la calidad de vida. Así pues, en ciertas condiciones, el no saber genera más calidad de vida que el saber. Vivir más no supone vivir mejor.
Los actuales modelos de sociedad, que asumen que conociendo más se es más feliz, parten de un modelo de ser humano que no es tan válido. Toda esta información que nos rodea disminuye también el placer por vivir o por las cosas, creando temor, preocupación, depresión, etc.
Ahora sabemos que el agua que bebe tiene metales, que el aire polucionado mata, que el chorizo tiene colesterol, la sal eleva la presión sanguínea, la gripe viene a por nosotros, el cambio climático va a cambiar el mundo, la pobreza aumenta a ritmo desorbitante, el petróleo se va acabando, la crisis económica sigue viento en popa, etc... Conocemos cualquier crimen en cualquier parte del mundo en cuestión de segundos. La lógica dice que esta avalancha informativa debería hacernos más felices, aumentar nuestra calidad de vida, ya que nos permitiría prevenir más, adelantarnos a los acontecimientos. Pero es falso. Lo cierto es que la probabilidad de que pase cualquiera de las cosas por las que nos preocupamos es pequeña, (es decir, el beneficio de preveerlas es pequeño) frente al descenso de calidad de vida que supone el estrés, angustia, y ansiedad que crea dicha información, por no hablar del pánico y la paranoia que, cosas como la "pandemia (a día de hoy, mientras 1 persona a muerto en EEUU por culpa de la gripe nueva, 36000 mueren al año en EEUU por culpa de la gripe vieja" con que tanto nos bombardean, generan.
Cantidad y calidad no están, por tantos relacionados. Tanta información, tanto saber sobre los juguetes con plomo, los zapatos tóxicos, la leche con melamina, los aceites con benzopirenos las verduras con pesticidas y los pescados con PCBs no nos hacen más felices.
Y mientras no sepamos romper con los modelos que nos atan, con lo que creemos sobre nosotros mismos y veamos al animal, desnudo y natural, que somos cada uno de nosotros, esta carrera en la que todos competimos seguirá sin tener más dirección que la del azar.
17 marzo, 2009
Escepticismo científico
Así pues, es el objetivo de este artículo preguntarnos: ¿se puede ser escéptico de la ciencia? Y la respuesta ya la adelantamos: Sí.
El primer punto a aclarar es que la ciencia parte de "actos de fe" o "axiomas". Igual que la geometría euclidiana comienza sosteniendo que la recta es la línea más corta entre dos puntos, y junto con otras definiciones construye la geometría, la ciencia parte del concepto de ley: básicamente hay que aceptar que una "ley física" se propagará en el futuro. En otras palabras: El hecho de que saliera el sol ayer y salga hoy implica que "el sol saldrá mañana". Así pues, la ciencia asume que las leyes científicas seguirán siendo válidas en el futuro. Pero obviamente esto no puede ser demostrado científicamente, sólo creído. Este es el componente religioso o de creencia que tiene toda la ciencia. Así pues: La ciencia nace de axiomas indemostrables.
Un segundo punto es que la ciencia propone obtener información sobre el mundo de forma rigurosa y objetiva. No obstante, son los seres humanos los que hacen ciencia. Puesto que los seres humanos no son rigurosos y objetivos, la ciencia nunca podrá ser rigurosa y objetiva. De forma consciente o inconsciente la ciencia está cargada de los prejuicios humanos. Sirva como ejemplo la clasificación taxonómica de los seres vivos. Mientras que para los roedores no dudamos en meter juntos las ratas, marmotas y ardillas, para el hombre hemos creado un género único, "homo" que está separado de los simios "Pan", "Gorilla" y "Pongo" y nos parece ofensivo llamar el "Homo sapiens" "Pan sapiens". Por tanto, la ciencia se construye en torno a prejuicios. El lector interesado o que quiera tener referencias puede leer la página72 y 73 del libro "The Red Ape" escrito por el catedrático de antropología Dr. J. H. Schwartz para la descripción más adecuada de cómo la subjetividad entra a formar parte de la disciplina científica. En concreto, dice "Often though, especially in paleoantrhoplogy, the general rules of thumb of doing systematics and taxonomy are replaced by more subjective criteria" (a menudo, sobre todo en paleoantropología, las normas comunes de hacer taxonomía se reemplazan por criterios más subjetivos).
Un tercer punto es la propia clasificación de lo que es ciencia. Cuando una ley explica algo, este algo se considera "científico", en caso contrario simplemente uno lo recoloca en el cajón de la "metafísica". De esta forma la ciencia explica "todos los fenómenos que son científicos", es decir, se aplica sólo donde funciona y no da importancia al resto. Tenemos de esta forma que conocemos a la perfección las reacciones de las partículas subatómicas, tan alejadas de nuestra vida diaria e interés, pero desconocemos casi todo sobre como funciona la consciencia, o que es el pensamiento. En otras palabras: La ciencia sólo explica lo "fácil" y explicable, y no es universal en todos los campos del conocimiento humano. Sirva como ejemplo la ley de Ohm, que dice que V=IR, el voltaje que cae en una resistencia es proporcional a su intensidad eléctrica. Curiosamente, esta ley no es verdadera para todo los materiales, con lo cual sólo se aplica a los materiales óhmicos. ¿Qué tipo de ley es pues esta? En realidad es sólo una tautología, algo donde lo definido entra en la definición. Es como la ley de Nacho: Todas las personas miden 1 metro 76 centímetros. La ley de Nacho sólo se aplica a personas "nachianas", aquellas que miden 1.76 metros.
Un cuarto punto es que incluso muchas de las cosas explicadas "científicamente" lo son de forma estadística. Pero la información estadística es información de "segundo orden". Por ejemplo, si la probabilidad de que llueva mañana es 75%, y si mañana no llueve, nunca podremos estar seguros de si ls predicción funcionó o no. Necesitaríamos un número infinito de días con probabilidad 75% para poder concluir si el pronóstico fue correcto o no fue correcto, cosa imposible.
Un quinto punto es la irrupción de la ciencia cuántica, que establece que el observador influye en el experimento. Así pues, la ciencia moderna no tiene solución a la pregunta "¿hace ruido un árbol si cae cuando nadie lo escucha?" puesto que el observador "colapsa los paquetes de onda" en un estado determinado. La ciencia no explica hechos, sino la interferencia de dichos hechos con lo humano. No existen hechos sin observador.
Un sexto punto es la forma particular en que se hace la ciencia. Puesto que la ciencia moderna depende masivamente de recursos económicos, sólo se desarrolla lo que es rentable económicamente. De esta forma los llamados "avances" de la ciencia son de lo más irregular. Todo el campo de la electrónica, tan rentable económicamente, es investigado a marchas forzadas, mientras que la antropología y otras ciencias sociales, quedan marginadas. En el campo de la medicina sólo se investigan enfermedades "rentables de curar", y de hecho se buscan soluciones que se puedan patentar y rentabilizar. Aún en el caso de que el SIDA se curara comiendo champiñones, nunca se sabría porque jamás se habría investigado: los campiñones no se pueden patentar (de momento...). Sirva como ejemplo el artículo publicado en la reconocida revista "Scientific American" en el link http://www.sciam.com/article.cfm?id=a-medical-madoff-anesthestesiologist-faked-data Trata de un anestesiologista que falsificó los datos de sus publicaciones sobre como aliviar el dolor durante las intervenciones quirúrgicas ortopédicas. Este engaño ha conmocionado a la comunidad de médicos, dado lo extendidas que están sus técnicas que, no sólo era falsas sino también, siempre acorde a este artículo, pueden ser peligrosas dado que retrasan la curación.
Por último queda la noción de ciencia que tiene el "no científico" y que transmiten los medios de comunicación. Para ellos, algo "científico", dicho por "científicos" o "demostrado científicamente" es la rúbrica de la credibilidad, de la certeza. Este carácter dogmático de la ciencia es muy raras veces planteado pero muchas veces utilizado como colofón de discusiones de índole ideológico. Sirvan como ejemplo las polémicas sociales sobre el aborto, donde se demuestra "científicamente" si se es ser humano o no a los X días/meses, (ver http://www.elmundo.es/elmundo/2009/03/17/espana/1237281386.html) etc. En este caso, se usa la ciencia como excusa para dar importancia a las ideologías, ya que la ciencia no puede decir si algo está vivo o no, o si es ser humano o no, sin una definición de ello, y esta definición es en sí misma la que introduce la respuesta, sin nada "científico" en ello. Si definimos como ser humano "el embrión unicelular" entonces sí, un ser humano es tal cosa desde el momento de la concepción, pero se puede definir como el "único animal que ríe" en cuyo caso uno sólo sería humano tras la primera carcajada, o como hacen los !Kung, uno sólo está vivo cuando, después del parto en los arbustos, la criatura (pues aún no está vivo según ellos) es presentada en el poblado. Pero la ciencia no da la definición, la ciencia parte de ella y lo importante aquí no es la ciencia, son las definiciones iniciales, que son meramente dependientes de la cultura particular.
¿Significa esto que la ciencia no sea útil? No, pero tiene una utilidad relativa. La ciencia, es básicamente, la forma de entender el mundo de la civilización occidental, pero, al igual que hay (o hubo) otras gentes, hay (y hubo) otras formas de entender el mundo, igualmente válidas. La ciencia es, pues, y esta es la conclusión fundamental de este artículo, un mito, es NUESTRO MITO. A quien esta afirmación le parezca exagerada, debe saber que en 1979 en la Universidad de Yale, Misia Landau se dio cuenta que, según revisaba la historia de la paleoantropología, descubrió que las descripciones de nuestra evolución, lejos de se fría ciencia objetiva, eran básicamente una especia de mito griego: el héroe humano que empezando humildemente como un simio, tras enfrentarse a diversos retos y pruebas, logra transformarse en el Homo Sapiens. El mito del mono que prueba tras prueba se supera a si mismo, descubre el fuego, la caza, la agricultura, la civilización, la electricidad, y se refina y acaba siendo el héroe de nuestra historia. La ciencia es, simplemente, nuestra mitología.
18 febrero, 2009
Crisis. Sí, pero ¿de qué?
No tengo receta mágica ni piedra filosofal que me permita convertir en oro todo el plomo de los análisis vertidos por "cerebros" y "expertos", pero si poseo la suficiente libertad para expresar mis pensamientos sin conflictos de intereses, y la curiosidad intelectual de entender la causas, más que las consecuencias.
Es éste el principio de una fuerte crisis, si. Pero no económica. Más bien, creo yo, es el principio de una profunda crisis de valores. Soy consciente de que hay otros que hablan de crisis de "valores", pero los valores de los que hablan otros y de los que hablaremos aquí son distintos. No me engaño hablando de crisis de valores de "familia", "honestidad", "comunidad", etc, porque no se ni lo que quieren significar y son pretexto manoseable por parte de las élites religiosas y políticas para seguir con lo de siempre. Hablo de los valores más enraizados, tanto que no les vemos, que forman parte de nuestra cultura del siglo XX y XXI.
Muy al contrario de los que abogan por la vereda de lo moral para hacernos sentir seres intrínsecamente malvados que hemos perdido "valores", yo veo que esta es una crisis creada por tener ciertos "valores". Esta crisis parará quizás cuando reemplacemos dichos valores por otros diferentes. No porque los nuevos sean mejores, más bonitos, más optimistas. Sólo porque los viejos son falsos.
Y ¿cuáles son estos valores en los que la sociedad cree a pies juntillas que habría que replantearse? A continuación muestro una pequeña lista, escrita con espíritu humilde y conciliador, pero que no se anda por las ramas e intenta ir directa al grano. El orden en que está escrita no ofrece ninguna prioridad especial. Así pues, ¿qué valores falsos sostiene esta, nuestra época? ¿qué valores hay que replantearse?
* La religión de la ciencia y tecnología.
* El mito del eterno crecimiento
* La superstición del hombre, animal superior o diferente, y de la civilización como culmen y realización de éste.
* El mito de la inexistencia de la enfermedad, tragedia y muerte
* La evolución del hombre, entendida como metáfora.
Estos cinco mitos, se podrían resumir en uno, algo así como: "El mito del eterno PROGRESO".
Esta es una crisis de valores, en la que hay un único valor falso que está en juego, y que, precisamente, es el último causante de la crisis. La creencia en el eterno progreso. Una vez que nos demos cuenta que no existe tal cosa sino en nuestras fantasías más alocadas, otro gallo nos cantará.
16 enero, 2009
El "show" verde
Todo esto de lo ecológico y lo verde empieza a ser como un show burlesco del que uno se muestra ligeramente escéptico. Mientras que Jared Diamond, en su libro Colapso, nos comenta como, desde tiempos inmemorables, (básicamente desde el neolítico) la especie humana se ha afanado por explotar los recursos naturales, hasta consumirlos totalmente, colapsándose así la sociedad que dependía de su consumo, nuestra sociedad ve nuestros actuales problemas no como el fruto del consumo de los recursos naturales, sino como el inadecuado uso de ellos.
No existe un "inadecuado" uso de los recursos. Un recurso no renovable, cuando se usa, se gasta, y ya no queda nunca jamás. Todo el carbón, petróleo y gas natural que estamos gastando, gastado está. Da igual que lo usemos para producir una maligna bombilla de incandescencia o una bonísima bombilla de bajo consumo, hi-tech , con su saludable y nutritivo mercurio dentro y todo , de venta en su supermercado habitual. Incluso un recurso renovable puede "gastarse" si se sobre-explota. El pescado es, en principio, un recurso renovable. Pero cuando se sobre-pesca, se encuentra uno que el 90% de los pescados grandes han desaparecido del mar, en incluso los peces pequeños, como el boquerón del cantábrico, están en peligro de colapso de sus poblaciones.
Así pues, el veneno está en la dosis. Quemar árboles y matar animales salvajes no parece lo más ecológico, pero no obstante este ha sido el modo de vida del ser humano hasta casi la revolución industrial. Cuatro cazadores-recolectores haciendo un fueguecito para asar raíces y un cacho de antílope recién cazado en la sabana no son un problema. Dirán los unos que están quemando árboles, craso pecado condenado al infierno del emisor de gases de efecto invernadero, y los otros que no son vegetarianos, dado que no se alimentan de trigo sarraceno cultivado en su pesticida y con amplias dosis de abono químico para su correcto NPK, ni de tofu liofilizado con aromas artificiales de quinoa albina del desierto. ¿Cómo va a ser sostenible y verde tamaña sociedad salvaje y primitiva? Vendámoslos unas placas solares con las que alimentar una vitrocerámica de inducción, y enseñémoslos a cultivar soja híbrida transgénica de la que alimentarse. Eso sí que es ecologismo. Pero el hecho es que, una población de este tipo en medio de una inconmensurable sabana son positivas para el medio ambiente, puesto que ejercen su labor en su nicho ecológico, mientras que nuestra cultura, con sus muchos miles de millones de personas, todos aspirando a varios coches, casas en la playa,videoconsolas y filete de vaca (de los que no me intento excluir), es básicamente un cáncer, cuyo crecimiento se explica únicamente por la increíble abundancia de recursos del planeta y, también hay que decir, nuestra capacidad para explotarlos. Da igual como de aisladas estén esas casas, cuantos paneles solares haya, cuantas bombillas, cuantos coches híbridos con sus baterías de delicioso litio y cuantas cenas para microondas instantáneas orgánicas de soja con sabor a camello mongol en salsa decurri malayo comamos. Todas estas ecológicas y socialmente loables actividades son también ampliamente intensas en uso de recursos y son, precisamente recursos (agua, fósforo, metales, energía, etc.) lo que no tenemos.
La esquizofrenia cultural nos permite distinguir entre un hombre y un medio ambiente. Pero lo cierto es que es lo mismo. No existe tal diferencia ni tal distinción. Dicha esquizofrenia propone soluciones como las que vi en el documental "The 11th hour". Hacer rascacielos ecológicos que, a imitación de un árbol, purificarán el agua, captarán energía y producirán alimento. La naturaleza es sabia, dicen los verderones modernos,imitémosla y resolvamos los problemas de esta humanidad. Pongamos un pequeño parche por aquí y por allá, construyamos edificios "LEED gold"en vez de normales, vendamos "carbon offsets" en Wall Street ., etc. Parece como si el sistema nuestro, que ha causado toda esta debacle, fuera casi-perfecto y necesitara sólo un retoque aquí y allá. Es como pintar de rosa un paredón de fusilamiento, y decir que ya están respetados los derechos de los allí fusilados, en cuanto que el color rosa les animará mucho. Pero más bien dicho retoque parece la nueva excusa para seguir como estábamos.
La locura consiste en pensar que hay que imitar la naturaleza, porque realmente lo que pretendemos es mejorarla. Pero la naturaleza (que somos también nosotros) es perfecta como es, y no puede mejorarse ni imitarse. Sólo queda, humildemente, reconocerlo, y ver que no necesitamos edificios que produzcan oxígeno, y que no hay que imitar a los árboles, lo que hay es que plantarlos, o mucho mejor, dejarlos que crezcan a su libre albedrío. El verdadero ecologismo es barato, consiste en no hacer, en no producir. El producto más ecológico que existe es el que nunca fue hecho. El producto más ecológico que se puede comprar, es el que no se compra. No gastar, no producir, no comprar es lo más "verde". Sólo los pobres (materiales) heredarán el reino de lo "verde", pero claro, la pobreza material no es algo que nuestra cultura vaya a perseguir... hasta que no nos quede más remedio.
13 agosto, 2008
El Príncipe y los cultivos transgénicos
Aunque la noticia ha sido descartada y no parece haber visto las planas de la prensa española (y es que mucho más importante que lo que se dice es saber lo que NO se dice), el príncipe Carlos de Inglaterra se ha manifestado bastante tajantemente en contra de los cultivos transgénicos. Entre algunas de las cosas que ha dicho, que me permito traducir, han sido que "la biotecnología es un gigantesco experimento con la naturaleza y el hombre que ha ido seriamente mal", "la ingeniería genética garantiza el mayor desastre medioambiental de todos los tiempos", "los problemas de salinización en Australia están causados por el excesivo acercamiento a las modernas formas de agricultura", y "gigantescas corporaciones dominan la agricultura, llevando a millones de pequeños granjeros a perder sus tierras".
El Príncipe ha sido llamado "Ludita" por estas declaraciones, es decir, alguien que está en contra de la tecnología. Eminentes científicos y doctores, técnicos y expertos se han apresurado a destacar la invalidez de sus argumentos y su visión no "científica" del problema. Poco importa que el Príncipe haya hablado, no solo por su boca, sino por la miles de millones de personas a las que los cultivos transgénicos no aportan nada, sino que muy al contrario, añaden una inseguridad extra en su boca y su cuerpo. Poco importa que el maíz, la soja o el trigo transgénico no aporte nada al consumidor final (de hecho en USA las multinacionales lograron parar una legislación para etiquetar el uso de productos transgénicos en la comida, ya que esto facilitaría hacer un seguimiento de los problemas de salud que puedan generar), y que sólo signifique que el agricultor tenga que venderse a los productores de semillas, herbicidas y pesticidas (como con algunas variedades de maíz transgénico, que tienen que ser rociadas con un herbicida particular). Poco importa que se coja una célula de planta, y mediante un virus intermedio que logre romper las defensas de la célula huesped, se la inserte un gen de Bacillus thuringiensis, una bacteria que está biológicamente separada de las plantas como nosotros lo estamos de las patatas. Da igual que la semilla de maíz sea el producto de millones de años de evolución (aunque para ser correcto debería decir que la semilla de teosinte, que es el precursor del maíz, es la que tiene millones de años de evolución). Parece lógico y legítimo violar sus entrañas (aunque aún no entendamos el 95% de su código genético) y plantarle dentro un fragmento de otra cosa si, en un corto plazo, eso produce un aumento de producción y, lo que no se dice tan claro pero es la causa fundamental de estas nuevas tecnologías, nos permite vender al agricultor año tras año semillas, en vez de que el agricultor almacene las de la cosecha anterior para replantarlas.
Servidor, que podría ser considerado un "científico" según los cánones de la titulología actual, (lo digo no por presumir de nada, sino para evitar ser tachado de ignorante en la mística de la ciencia) es también lo que podría llamarse algo escéptico. Lo primero que debería entender un científico es la limitación de la ciencia. La ciencia y la tecnología no son la solución de nada ,son, de hecho, el problema de mucho. La ciencia cuadricula la realidad ininteligible en fragmentos minúsculos, mira detenidamente el fragmento y descubre que hay correlaciones en él. Extrae una ley de esas correlaciones y después espera que todo el resto de millones de cuadraditos que conforman la realidad siga también dichas correlaciones. Pero nunca funciona, y nunca funcionará. La razón por la que no funciona es porque el mundo no es comprensible y escapa a nuestro tullido intelecto. "Lo más incomprensible es que sea comprensible", decía Einstein, y se equivocaba. El mundo no es comprensible, sólo los fragmentos muertos que analizamos parecen serlos. Sólo tras la disección y muerte de un ser vivo podemos "comprender" para que sirve cada parte. Pero el todo es mayor que la suma de las partes, y aunque logremos entender todas las partes aisladas el todo escapa a nuestra comprensión.
Algo así pasa con los cultivos GM (transgénicos). Las razones para oponerse a ellos y llamarlos aberrantes son casi infinitas, pero permítanme exponer algunas
- La población es función de la cantidad de alimento. Por tanto, aumentar el suministro de alimento a una población aumenta su tamaño. En otras palabras, el hambre no se combate a largo plazo con más comida, ya que más comida producen más personas, que necesitan aún más comida, y así hasta el infinito. Sólo cuando una comunidad se da cuenta de sus límites y limita consecuente su número (o es limitado por causas externas) se puede mantener un equilibrio entre población y comida.
- Es mentira que la tecnología y la revolución verde sean la única solución para aumentar el rendimiento de los cultivos. El japonés Masanobu Fukuoka logró producir tanto o más que todos sus vecinos "químicos" mediante su método de agricultura natural: "No pesticidas, no herbicidas, no arar, no podar, no usar abonos ni fertilizantes". Con mucho menos, logró mucho más, frente a la ciencia y la tecnología, que siempre propugnan usar más para lograr menos.
- Plantar algo cuyas semillas no pueden ser replantadas, bien por imposibilidad física (híbridos F1, tecnología GM de "autosuicidio") o legal (GM) es simplemente un suicidio. Supone una dependencia a vida o muerte con el suministrador de semillas. Si dicho suministrador está fuera de la comunidad es, de hecho, una capitulación y una rendición de la soberanía de dicha comunidad. Puesto que tarde o temprano puede pasar algo que rompa la fuente de suministro de dichas semillas, usar semillas híbridas es una condena pendiente a morir de hambre.
- La solución propuesta por la agricultura industrial y la ciencia y tecnología es siempre una "huida hacia adelante". La Naturaleza (esa que he dicho que no podemos comprender en su totalidad) no es un ente pasivo que el hombre deba conquistar y someter. Es de hecho, un ente activo. El fertilizante aumenta la productividad, pero cada año hay que echar más para mantener la misma productividad. Los pesticidas eliminan las plagas, pero las plagas mutan y evolucionan y se habitúan a ellos, necesitando un nuevo pesticida. Los cultivos GM son resistentes a esta y aquella plaga o enfermedad, pero en cuestión de meses o años habrá un "algo" que se adaptará a ellos y los atacará. Podemos desarrollar antibióticos contra las enfermedades, pero las bacterias se hacen resistentes a ellas, requiriendo de antibióticos más fuertes. El problema es fundamental y sistémico, y se basa en que la comida no es "nuestra comida", es la comida de todos los seres vivos del planeta. Aunque nosotros tengamos "el intelecto" para superar a estos otros seres vivos, ellos tienen evolución, gigantescos números y, sobre todo, ellos son también parte de nosotros. Cuanto más inclinemos la balanza a nuestro lado, más fuera del equilibrio está el sistema natural, y más "motivación" hay por los otros seres vivos para ocupar el nicho ecológico que "nuestra comida" supone. Es fácil de entender si uno se olvida de que el hombre es el centro del mundo. El primate humano es un ser vivo más parte del ciclo. El actual sistema de huida hacia adelante es brutalmente bueno para la economía, ya que exige continuo crecimiento y desarrollo para machacar y aniquilar la siguiente generación de cosas vivas que osen apoderarse de "nuestra comida", pero está destinado al colapso y al fracaso. Está destinado a ello porque exige una una sucesión infinita de "éxitos", siendo un sólo fracaso (por ejemplo, si no encontramos ningún antibiótico nuevo contra alguna bacteria resistente al anterior) una ruptura total. Y segundo, porque nos une una línea con nuestros "enemigos" los hongos, pestes, bichos y virus. No sabemos cual de estas cosas puede estar inextricablemente unida con nosotros en el ciclo de la vida. No sabemos que bacteria puede ser "dañina" para el trigo, pero imprescindible para descomponer "no se que" en "que se yo" y mantener a flote el ecosistema. Así pues, el sistema de lucha contra el Sistema Natural está condenado al fracaso, tanto si hay un fracaso concreto (que permita que algo arrase con nuestras cosechas), como si hay una cadena de éxitos (que nos permita arrasar algo que era necesario para nuestra supervivencia).
Así pues sigamos engañándonos, subidos al carro de la tecnología y al antropocentrismo de creer que el mundo es nuestro laboratorio y que es un "medio" para conseguir quien sabe que "fin". El mundo es el "fin". No hay nada que lograr, nada hemos logrado. El sistema está empezando a crujir (problemas de salinización, desertificación, calentamiento global, nuevas pestes y plagas introducidas en regiones de las que no son autóctonas, pérdida de suelo fértil, eutrofización de ríos, polución de aguas por nitratos y fosfatos, masiva extinción de seres vivos, colapso de las poblaciones de peces, polución) no sólo en el plano natural, sino en un plano más material (crisis económica, crisis energética), pero nosotros lo resolvemos con más y más de lo mismo que no funcionó antes.
Ha llegado el tiempo de dar media vuelta en nuestras "soluciones" o perecer. Menos va siendo más.
02 julio, 2008
Sobre lo mas y lo menos
Sólo el tiempo podrá decir quién acertó en sus predicciones, cuando sea demasiado tarde para que dichas predicciones y opiniones sean de importancia y valor, lo cual demuestra la, cuando menos, relativa utilidad de estos textos que uno de vez en cuando escribe. Aún así, y siendo consciente de las limitaciones que esta comunicación conlleva, quiero hoy hablar de la nueva trampa, del nuevo agujero que estamos inventando para hundirnos más y más en una crisis sin precedentes que cambiará el mundo hacia algo nuevo y ciertamente distinto de lo que es ahora. Estoy hablando del engaño de las tecnologías verdes, de la corriente ecológica, del lavado cerebral de lo "green".
Este autoengaño parte de la mente humana que, bañada en un fondo cultural multigeneracional, percibe los problemas sólo a través de la distorsión de dicha cultura, y crea "soluciones" cuya misión es más comportarse de acuerdo a los cánones de dicha cultura, más que solucionar o cambiar nada. Nuestra cultura es la cultura de la dualidad. Separamos la "realidad" en conceptos, calificamos las cosas en soluciones y problemas, las actitudes en buenas y malas, el todo en objetos separados, y dichos objetos en "natural y artificial". Con las gafas de nuestra cultura nos damos cuenta de cómo nuestra forma de vivir en insostenible a corto plazo, cómo una crisis múltiple, encabezada por los problemas de la crisis energética y de recursos, seguida por el manido cambio climático, y culminada con la extinción masiva de especies y el colapso de abundantes ecosistemas, se cierne sobre nosotros como nubarrones de densa tormenta. Incluso la deformada imagen que vemos, una vez filtrada por nuestra mente, adoctrinada por nuestra cultura, es preocupante, y la mente (la cultura misma) busca soluciones. Estas soluciones tienen que tener un punto de verdad, para poder apaciguar el genuino nerviosismo que la visión de la crisis nos produce, pero, puesto que son un producto de lo que somos ahora mismo, no pueden solucionar nada, puesto que lo que somos ahora mismo es lo que nos llevó hasta aquí. Como una tortuga atrapada en un incendio, la solución no es correr, porque el incendio seguirá detrás de nosotros, ni volar, porque simplemente no podemos. La opción es pararse y esperar que el incendio no sea tan fuerte para que nos achicharre dentro de nuestro caparazón, y luego intentar sobrevivir en el desolado bosque quemado.
Pasemos ahora de esta descaradamente ambigua introducción, hecha a propósito, a la explicación. Evolucionemos de lo general a lo particular. Estamos hablando de la crisis de la subida del petróleo, del aumento del precio de los alimentos, de la carrera hacia las energías renovables. Estamos hablando de cambio climático, del problema de la sequía y la demanda de agua. Estoy también hablando de los pueblos que no pueden beber su agua por el excesivo uso de fertilizantes, de las costas plagadas de casas, de los ecosistemas rotos. Estoy, en definitiva, hablando de la invasión que una cultura particular (nosotros) hemos hecho en nuestra propia casa.
Las soluciones vienen, ¿por fin?, de manos de políticos y pensadores (que no son sino la extensión hablante de nuestra cultura). La solución que proponen es la única que nuestra cultura sabe. La solución del más. Más coches, pero híbridos. Con más eficiencia. Más energías renovables. Más paneles solares. Más transporte público. Más tecnología. Más complejidad. Pero, si estas mismas cosas son las que hemos hechos durante los últimos años (o incluso milenios, me atrevería a decir en un toque de locura antropológica), ¿por qué van a funcionar ahora?
Sigamos nuestra exposición transmutando poco a poco de lo general a lo particular. Aún estamos en lo general. ¿Es más tecnología la solución? ¿No crea la tecnología nuevos problemas que requerirán MÁS tecnología para ser solucionados ad-infinitum? ¿Y las energías renovables? Bien, un panel solar requiere energía para producir energía. ¿Estamos seguros de que si incluimos todos los costes energéticos de su producción, transporte, mantenimiento y futura eliminación, el panel producirá un balance neto de energía? ¿Y no ha sido, precisamente, la existencia de energía barata la causa del problema de su gasto, de su uso para transformar ecosistemas?
Gracias al engaño de lo verde, nos quieren convencer de que reemplazando nuestra bombilla normal por una de ahorro, el mundo será un lugar mejor. Pero es que la sociedad necesita una excusa para producir MÁS, para seguir dándole a la rueda de la producción. No niego que sea cierto que, SI se nos funde una bombilla vieja (nótese el SI) pueda ser más "eficiente" poner una de ahorro. Aún así, no estoy seguro porque, aunque la bombilla de ahorro ahorre energía una vez fabricada, no se cuanta más energía se necesita en su fabricación. Si ahorramos 3, pero gastamos 4 más, el truco de prestidigitación de decir que es una bombilla "eficiente" desaparece cuando uno ve la solución en su totalidad, sin las gafas de la mente, que separa y compartimentaliza. Y si dichas dudas parecen legítimas para cambiar una rota por una nueva, la locura verde de cambiar una bombilla que está actualmente en funcionamiento y puede durar muchos años más, no tiene sentido. Algo no eficiente que ya está hecho tiene una gran ventaja frente a algo eficiente que tiene que ser hecho. A la hora de ver que es más eficiente, lo que está por hacerse tiene que sumar la energía de su fabricación, transporte e instalación, y compensar todo ese gasto con una futura eficiencia, que tiene que ser muy grande para realmente ser rentable.
Pero la cultura actual del más, del consumir, del mercado y la simplificación de la humana existencia al humano intercambio de bienes, no quiere ver la cosa en su totalidad. Pretende que un coche híbrido sea más "green" porque da unos pocos kilómetros más por litro, pero todos los litros de gasolina gastados en su producción, en la fabricación de dos motores (más motores) en vez de uno, la batería extra para cargar el coche (más baterías), etc... no son contabilizados en el típico ardid de la mente que sólo ve lo que la interesa. Y al igual que la mente cree en un Dios creador que no necesita de otro Dios creador que cree al primero, la mente cree en una solución que ahorra energía y no necesita de esa misma energía para crear la solución. La mente pone el límite de donde las cosas son razonables, y donde no, y mueve el límite para explicar su propia cultura, y para autocomplacerse con las bondades y verdades de su propia cultura. La mente que se maravilla de los ahorros de la bombilla, no ve que su contenido en mercurio la hace extremadamente peligrosa, y cree que una milagrosa solución hará que sea creada de la nada, reciclada en su totalidad y produzca sólo luz ahorrando y haciendo feliz a un sonriente planeta. La mente que encontrará una forma de hacer paneles solares que no contaminen, que no necesiten cantidades ingentes de energía en su producción, que no cambien el albedo del planeta contribuyendo a un calentamiento de éste, que no afecten a los ecosistemas en su instalación, etc. La mente que ve las bondades de lo nuclear, que logrará sacar el uranio de la nada, y desaparecer los residuos radiactivos por meros poderes parapsicológicos del deseo. La cultura del más, donde todos podremos viajar más, regar más los jardines, ser más felices, tener más televisiones más grandes con más tecnología, más canales y más contraste.
Llegados aquí, el lector (si es que queda alguno que haya llegado hasta aquí) quizás se pregunte como no he acabado ya esta algo caótica exposición de pensamientos amalgamados. No lo he hecho, porque mi intención es introducir al lector en la solución de la no solución, donde el problema es la solución, y la solución es el problema. Donde menos es más: El contraste de una forma de vida con menos.
02 febrero, 2008
Esto se acaba, dialogando sobre el fin del mundo.

(Imagen tomada de http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/fe/GlobalPeakOil.png)
La cantidad de recursos que necesita una población P para sostener un determinado ritmo de vida N es igual al número de recursos R disponibles en el sistema multiplicado por la tecnología T que puede mejorar el aprovechamiento de dichos recursos. En otras palabras: P*N = T*R. Veamos que significan estas letras. A medida que la población aumenta se necesitan más recursos para mantenerla (más personas necesitan más comida, abrigo, salud, etc). O si aumenta su nivel de vida, se requieren más recursos (a medida que una sociedad "prospera" se tienen más coches, casas más grandes, se come mejor, se tienen más pantalones, etc). A veces los avances tecnológicos pueden frenar parcialmente la necesidad de dichos recursos (tres casas con bombillas de alto rendimiento consumen lo mismo que una con bombillas normales).
Esta simple lógica es una poderosa herramienta que ayuda a entender el serio problema de colapso, o fin de la civilización tal y como la conocemos, a la que nos estamos eventualmente enfrentando. Puesto que estamos empeñados en hacer crecer la población, o parece algo inevitable, y puesto que el crecimiento económico o mejora de la calidad de vida es también otro dogma de nuestra sociedad de consumo, el incremento exponencial de la población, junto con el crecimiento más o menos lineal de la calidad de vida, produce un crecimiento superior que exponencial en la demanda de recursos que hacemos. Esta demanda se ve sólo muy ligeramente paliada por algún adelanto tecnológico que puede reducir el impacto en la necesidad de recursos de una población.
En un mundo ideal, donde el número de recursos fuera finito, podría ser posible para la población crecer eternamente. Así mismo en un mundo ideal, donde la tecnología anulara completamente los efectos de la mejora de la calidad de vida en cuanto a la demanda de recursos, podría haber crecimiento económico sostenible eternamente. En este mundo real, donde los recursos son limitados, finitos, y la tecnología muy de vez en cuando produce un avance que frene la demanda de recursos, crecimiento de población y/o crecimiento de la calidad de vida son imposibles porque, tarde o temprano, conducen a un desgaste de recursos no renovables que impiden futuro crecimiento..
Visto de una forma más gráfica. El crecimiento económico es como un cáncer, donde el crecimiento sin control de las células exige más y más recursos, hasta que rompe la homeostasis del organismo y provoca la muerte de éste. Nosotros somos células de un organismo llamado Gaia. El crecimiento de población es como soltar unos pocos conejos en Australia. Se irán reproduciendo, reproduciendo y demandando más y más recursos (aire, sol, agua, nutrientes) hasta que la población se colapse. Nosotros somos los conejos de la Tierra. Imagínese ahora el lector una población de conejos que no se conforma con zanahorias y hierba, que quiere más zanahorias, y patatas también, y camas, coches, dos madrigueras en vez de una, acciones en remolacha... mientras se reproduce sin cesar. Eso somos nosotros.
Así pues, el crecimiento, sea de población o económico, conduce inevitablemente al colapso de una población una vez que los recursos que tenía empiezan a mermar. Mientras hay recursos, todo es maravilloso. Mas conejitos y todos más gordos; cuando empiezan a mermar los recursos, bueno, pues hay dos caminos: camino número 1. Los conejos se dan cuenta, estabilizan su población y se conforman con menos zanahorias y una sola madriguera. Camino número 2
. Los conejos no se dan cuenta o no hacen nada, y la madre naturaleza estabiliza la población... con hambrunas, pestes y colapso.
La pregunta para el hombre es: ¿Cuántos recursos quedan? ¿Estamos en los albores de nuestro desarrollo o en el borde del colapso? Analicémoslo.
El petróleo. No es fácil aportar datos correctos de cuanto petróleo queda, pero las indicaciones son que estamos, o llegaremos en menos de una década, en el pico de producción. Es decir, la máxima cantidad de petróleo que se sacará en un año en toda la historia del sistema Tierra. Algunos predijeron el 2006, los que lo niegan, el 2025. En cualquier caso, o está ya, o está cerca. El pico de petróleo no significa que no quede petróleo. Quedará más o menos una cantidad similar a la que se ha consumido desde 1930 hasta ese día, es decir, otro 50%. No se acabará el petróleo de la noche a la mañana. Lo que se acabará será el sincronismo de la oferta de petróleo con su demanda. Mientras la oferta quedará constante y luego empezará a bajar, la demanda (que es casi proporcional al crecimiento economico), seguirá subiendo como ha hecho hasta ahora. El precio del petróleo empezará a subir y, lo que es peor, o se sustituye toda la energía que aporta el petróleo con otros combustibles fósiles (porque las renovables no van a dar esa cantidad ni de churro), o una parte de la población se quedará sin energía.
Quedarse sin energía es mucho más serio de lo que parece. Todo este sistema occidental que hemos montado lo hemos montado sobre la base de una energía barata y casi ilimitada. El poder comer un melón importado de honduras o ir a Castellón por vacaciones es fruto de esta energía. Lo que es mucho más grave, la comida que comemos es fruto del petróleo. Me explico.
La revolución verde de la agricultura supuso multiplicar su producción por 300. La comida tiene calorías. Una caloría son 4.2 julios. Un Julio es energía. Servidor es doctor en física, y aquí sabe de lo que habla. La energía no se crea ni se destruye. Luego, si una tierra que antes producía 1 unidad de producción ahora produce 300 es porque estamos sacando 299 unidades extras de algún sitio. Alguna mejora genética en la planta y alguna otra cosilla puede hacer que la planta aproveche mejor el sol, que es quien está aportando esa 1 unidad de energía que se producía antes de la revolución verde. El resto, pongamos 295 unidades, vienen de fertilizantes, pesticidas, tractores, irrigaciones, etc. En definitiva, vienen del petróleo. Así pues, sin petróleo un campo capaz de abastecer a 300 personas, se vuelve a quedar en algo que abastece a 5 o a una. El resto simplemente muere de hambre.
Todo este sistema gira en torno a la energía, no en torno al dinero. El dinero no vale nada. Si un día no hay petróleo da igual el precio de éste. Si sacar un Julio de pretoleo, cuesta 1.01 Julios, da exactamente igual el coste en dinero. Simlemente, ya no es fisicamente (que es una realidad mucho mas pura que la economica) rentable. Simplemente se ha acabado. Sin energía no hay electricidad, no hay frigoríficos, ni transporte, ni calefacción. Sin energía volvemos, literalmente, a la edad de piedra, al arco y la flecha y la recolección y caza. Y el hambre de energía del mundo es simplemente VORAZ, y viene del petróleo, carbón y gas, recursos ellos no renovables. Cuando se gasten, pues se gastaron, y con ellos se van 295 partes de 300 de comida, los frigoríficos para guardarla, los camiones para transportarla y la vitrocerámica para cocinarla.
Hablemos más de ciencia, si es que algún lector ha seguido hasta aquí. Según un reportaje de la Materials Research Society (ver referencias más abajo), consumimos hoy 13 trillones (americanos) de watios. De estos el 85% es fósil (carbón, petróleo y gas), no renovable. Toda esta energía que consumimos en un año es, más o menos, lo que se sacaría de una milla cúbica de petróleo (1 milla son más o menos 1.6 kilómetros). Esta energía que consumimos en un año sería como 32850 molinos de viento (modernos) al año ¡durante 50 años! O 52 centrales nucleares ¡durante 50 años! (es decir, 2600 centrales nucleares en total). Como la población sigue creciendo, y el nivel de vida también, hay que añadir estos dos factores a este problema, que lo empeoran más. Si incluimos en el escenario el incremento de población y el crecimiento económico fruto de un modelo BAU (bussiness as usual o crecimiento económico promedio) tendríamos que empezar a construir YA una central nuclear cada DOS días durante los 50 próximos años. Incluso aunque nos pusiéramos ¿tenemos recursos para ello? ¿Nos queda suficiente energía fósil para esta empresa o vamos a seguir despilfarrándola en otras cosas?
Hay que añadir a este problema el hecho del calentamiento global. Si gastamos todos los recursos fósiles que quedan sin hacer nada con el CO2 emitido, el calentamiento global puede añadir más problemas.
Quiero insistir sobre el tema del petróleo. Quiero dejar claro que NO SE cuando se alcanzará el pico de petróleo y que intuyo, pero esto es una opinión más que un hecho científico, que el pico ha sido ya o está muy cerca. Valgan estos hechos para corroborar mi intuición. 1) Aumento del precio de la gasolina en EEUU (60 céntimos en un año, un 20%), 2) dado lo caro que está el petróleo ahora ¿por qué no aumenta la OPEP su producción? O no quieren ganar más o no pueden producir más rápido, elija usted. 3) Bush advierte a los americanos que la economía de EEUU es demasiado dependiente del petróleo, y que hay que curar dicha "adición" 4) El presidente de la Shell advierte de que puede empezar a haber escaseces de petróleo 5) los precios de casi todo están subiendo. 6) Las bolsas están cerca de una recesión cuya explicación de que se debe a la crisis hipotecaria de EEUU no es totalmente convincente 7) La ASPO (asociación para el estudio del pico del petróleo y gas) sitúa el pico en 2010 .
Vuelvo a insistir. Cuando llegue el pico del petróleo, se acabó el viaje de gloria y empieza la cuesta abajo. El que esta cuesta abajo sea controlada o sea el colapso de nuestra civilización, depende de nosotros.
El que estamos cerca de este colapso tampoco lo puedo demostrar, pero también lo intuyo: 1) Poblemas en la capa de ozono, 2) Calentamiento global, 3) cambio del PH del océano 4) sobrepesca y casi colapso de las poblaciones de peces susceptibles de consumo, 5) disminución de la biodiversidad 6) problemas de desertificación.
El que estamos empezando a quedarnos sin energías también se intuye: estamos en el siglo XXI y, si en verano hace un poco de calor y encendemos el aire acondicionado, hay apagones. ¿Cómo? Sencillamente porque NO HAY ENERGÍA suficiente para todos.
Conclusión: Crecimiento de la población y crecimiento del nivel económico no son sostenibles. Hay que estabilizar la población y detener el crecimiento económico. La tecnología no puede estirar los recursos hasta el nivel que la estamos pidiendo y la seguiremos pidiendo más y más a este ritmo. No hay un sólo ecosistema que no hayamos machacado (tierra, mar y aire), y el sistema actual de vida de nuestra cultura va a chocar con el límite ecológico de la misma, produciendo hambrunas y muertes en nuestro mundo "civilizado" si no lo remediamos. Estoy, en definitiva, prediciendo el fin de nuestra sociedad o de nuestro modo de vida. No se cuando pasará, si mañana o en 20 años, pero estoy seguro de que lo viviremos algunos de los lean esto. Si pasa mañana no hay nada que hacer ya. Si es en 20 años aún puede que tengamos tiempo. Hay que detener el cáncer ya. Ójala me equivoque pero... esto se acaba.
Referencias (algunas están en inglés).
1) MRS Bulletin, October 2007, volumen 10, no 10. página 808
2) http://spectrum.ieee.org/jan07/4820/ncmo01
3) Nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestro entorno requieren reducir nuestra dependencia del petróleo (Bush), en http://www.swissinfo.ch/spa/internacional/detail/Bush_promete_2_000_millones_de_d_lares_para_el_cambio_clim_tico.html?siteSect=143&sid=8678505&cKey=1201604216000&ty=ti
4) "El director ejecutivo de Shell teme escasez de petróleo para dentro de siete años" http://www.crisisenergetica.org/article.php?story=20080125224255492 también en http://www.berdeak.org/modules.php?name=News&file=article&sid=1715
5) Teoría del pico del petróleo: http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_pico_de_Hubbert
6) Según Algeria la OPEC ha alcanzado su límite. http://www.greencarcongress.com/2005/03/algeria_opec_ha.html
7) Expertos dicen que escaseará el petróleo (el País) http://www.elpais.com/articulo/economia/expertos/auguran/acentuara/escasez/petroleo/elpepueco/20070710elpepieco_7/Tes
8) La escasez de petróleo parece incuestionable: http://www.crisisenergetica.org/article.php?query=incuestionable&story=20040225135735841
21 diciembre, 2007
Navidad, Navidad, dichosa Navidad
Un año nuevo llegó la Navidad. Y con ellas las batallas campales por intentar por intentar explicarle a la Navidad su sentido, por intentar utilizarla para los propios intereses de cada uno. Navidad, navidad, dichosa Navidad que llega cada año por estas navideñas fechas (que casualidad) para llenarnos la panza de carne de mamíferos muertos y las venas de viscoso colesterol del malo.
Así que, ya que es típico en toda Navidad intentar sacarle el sentido a tan traicionales fiestas (de traicíón, mas que tradición). yo también quiero salir a la cancha a reclamar el genuino sentido de la Navidad.
Parece ser que la Navidad es la excusa de las pequeñas tiendas y las grandes superficies para salir de los números rojos las unas y entrar en aún más ganancias las otras a base de convencer al prójimo de que Amar es Regalar. Si no regalas, no amas, vamos. O a veces, regalar es un sustituto de amar. Compremos un regalo caro e innecesario a ese hijo o madre o amigo a quien no hacemos caso el resto del año. Los negocios sacan sus mejores trajes, las calles se disfrazan de luces, las plazas de árboles navideños, santas clauses, los tripartitos reyes magos y demás asunto navideño. La Navidad, dicen, se ha transformado en una vorágine consumista y ha perdido su sentido. <
Pero claro, para ello habría que pensar cual es el sentido de la Navidad. Pues parece ser que Navidad viene de nacer, o algo así, y por tanto se celebra el Nacimiento de Jesús, o al menos eso me dijo el cura de mi escuela cuando era pequeño e inocente (el cura). Lo que no me dijo susodicho cura (también llamado padre, curiosa contradicción porque un cura no debe permitirse los placeres de la paternidad) es que a su vez el sentido religioso de la Navidad está robado de un sentido pagano mucho más antiguo.
Leo la postal de mi bien amigo, el Pucelano emigrado a los Madriles, don Eduardo de la Solana: "El 25 de Diciembre se celebraba en Roma la fiesta del solsticio de invierno, o "Sol Invictus". Los cristianos, hasta el siglo IV, celebraban la epifanía del Señor, la Navidad, el día 6 de enero, como sigue haciendo la Iglesia ortodoxa".
De esta forma, así como los comercios han robado a la Navidad su sentido cristiano, los cristianos robaron al Sol Invictus su sentido pagano. Cual se el verdadero sentido de la Navidad, si es que existe tal cosa, queda a juicio del lector pero creo que viene a cuento concluir con el refranero castellano "quien roba a un ladrón, a cien años de perdón"... y otro día contamos sobre como el árbol de navidad nació en su día para espantar los malos espíritus...
05 diciembre, 2007
Silicon Malley o Malaga Valley?
Leo con interés que se está fomentando un nuevo Silicon Valley aquí, al ladito de Cádiz. Le llaman Málaga Valley (www.malagavalley.com) y pretende ser el Silicon Valley Europeo. Es una iniciativa loable de una seria de presidentes de compañías de la información y las telecomunicaciones.
Servidor, que ha vivido algunos años en el verdadero Silicon Valley, se muestra encantando, pero a la vez escéptico con la idea. La experiencia es que uno no monta un Silicon Valley como quien monta una casa. El Silicon Valley original se debió a una serie de circunstancias, y sucedió de forma acumulativa. Leí en una página de Internet, cuya dirección desafortunadamente olvidé, que el Málaga Valley sería un éxito debido a la presencia de una buena universidad y de un buen tiempo atmosferico, similar al Silicon Valley. Incluso comparando la gran calidad de formación universitaria (Berkeley y Standford) del Silicon Valley con la de Málaga, y asumiendo el buen tiempo atmosférico (que no sólo significa poco frío, sino también no mucho calor), los Silicon Valleys no salen así, como setas. No es tan fácil como poner un poco de terreno, dar unas subenciones, llamar a unas empresas y dejarlo montado. Aunque la semilla esté plantada, eso no significa que brotará, y si brota no tiene por qué crecer, y si crece no tiene por qué dar frutos. Hay también que regar, abonar, asegurarse de que de el sol, etc.
Y son, precisamente, esos otros factores, en los que me muestro escéptico y no tan convencido. Analicemos algunos.
- Muchas de las empresas del Silicon Valley son lo que se llama " start-up companies". Una start-up es el embrión de una compañía. Alguien con una idea, que empieza a desarrollarla. Por ejemplo, Google fue una start-up en su día, y creo recordar que su primer presupuesto fueron 700 dólares. Dicen en el Valley que sólo una de cada 10 start-ups consigue salir adelante. Las otras cierran. El caso es que estas compañías necesitan una movilidad tremenda. Contratan y despiden gente de la noche a la mañana. La gente trabaja a mansalva. 70 horas a la semana es común. Tener, quizás, 5 días de vacaciones al año puede ser un lujo. Sin estas condiciones una cosa ya de por si difícil, como el sacar adelante la compañía, sería imposible. Pero el sistema de contratos del Silicon Valley permite esto. Básicamente sólo hay un contrato: el indefinido que se define cuando tu jefe te dice que estás despedido. Esta aparente crueldad del sistema da flexibilidad y libertad al emprendedor que quiere sacar su empresa.
- Por otra parte, el ambiente social es totalmente diferente. En el Silicon Valley cambiar de empresa es como cambiar de calcetines. La filosofía de lo fijo y lo permanente no existe. Esto da mobilidad, permite renovación, flujo, intercambio de ideas, evolución. Los jefes van y vienen con los proyectos, los empleados a veces también. Siempre hay alguien nuevo, sabia nueva, energías nuevas y renovación. A veces los cambios son radicales. El que era ingeniero se mete a psicólogo, el médico se pasa a la agricultura orgánica. Se valora lo que sabes y lo que puedes hacer, no el sexo que tengas, lo joven que seas, donde hayas estudiado o quien sea tu padre. De hecho, un currículo donde se ponga el estado civil, tu sexo o una foto, frecuentemente termina en la papelera, ya que incita a la discriminación. Si sabes hacer el trabajo y vales, éso es lo que les importa. Un anuncio poniendo "trabajadora de 25 a 35 años" sería instantáneamente foco de denuncia por discriminación laboral en edad y sexo.
- La propia vida social y familiar es diferente. El ir a comer a casa es considerado un lujo. Se vive para trabajar. Se valora el trabajo como realización personal. El trabajo es casi casi, religión. Los sábados y domingos también se puede trabajar. Las empresas están abiertas, disponibles 24 horas al día, 7 días a la semana. En algunas se ficha, en otras no, en algunas hay cubículos, en otras un mero espacio donde puedes trabajar. Tienes pista de tenis, cancha de baloncesto, restaurante, lavandería, cambio de aceite del coche, dentista, masaje, gimnasio, ... dentro de la empresa. El que dirán apenas tiene importancia. Puedes vestir como quieras, ir al trabajo andando, en bicicleta, monopatín, moto o trineo tirado con perros: da igual. Puedes trabajar en un una cafetería (en todas tienen Internet Wireless) o en el medio de la plaza (en Mountain View hay wireless gratis en todas partes, incluyendo el centro y los suburbios) o incluso en la biblioteca. Y hablando de bibliotecas, no hay límite del número de libros que puedas sacar, puedes devolver los libros a cualquier hora del día o de la noche o cualquier día de la semana, y puedes renovarlos o reservarlos por Internet.
Todo lo anterior crea un ambiente de trabajo. Crea una atmósfera en la que, para bien y para mal, la innovación es posible, las empresas nacen, crecen, se reproducen, algunas mueren. Y es este el compost en el que se nutre el Silicon Valley. La continua renovación y movimiento.
Así pues, no es tan sólo el clima, el terreno o la abundancia de ingenieros. Es toda una estructura económica y social alrededor, una forma de vida, me atrevería a decir. Y creo poder decir que los españoles tenemos otra forma de vida. Ni mejor ni peor, pero con otros valores y otra forma de ver la existencia. El que pueda florecer un Málaga Valley con estos otros nutrientes, es algo que sólo el tiempo nos lo dirá, e incluso si florece el cómo cambie el modo de vida de la gente a peor o mejor, también estaría por verse. Pero mientras tanto, que siga el Málaga Valley ¿o era el Silicon Malley?
20 noviembre, 2007
‘Ecodicción’, o la contradicción papal
Retomo la columna de opinión después de una larga ausencia, debida en gran parte al periodo estival, con la idea de seguir compartiendo mis opiniones personales con aquel que quiera entretenerse en leerlas.
La columna de hoy la he titulado ‘Ecodicción’. El título pretende ser la contracción de Ecologismo y contrición, aunque también se asemeje la palabra a la adicción a lo ecológico.
Me explico el porque del título. Leo en la prensa de hace algunas semanas que el Papa se ha subido al carro de promover el ecologismo. Afirma que es de buena gente preocuparse por el medio ambiente. Y servidor está de acuerdo. La preocupación del medio ambiente es vital, y no cosa de buena gente, porque el medio ambiente somos nosotros. Por tanto, en esta especie de egoísmo indirecto que es ser ecologista, servidor está de acuerdo. El hombre es lo que come, y las plantas son lo que toman del ambiente, luego si el ambiente contiene basura, seremos basura a la larga. Como no queremos ser basura y queremos estar saludables en un ambiente saludable, mejor no polucionar lo que nos rodea.
Pero dicho esto, queda reflexionar que el hombre esta rompiendo poco a poco el complejo equilibrio que el ecosistema en el que esta integrado contiene. Esta ruptura se debe a dos factores. Uno es el enorme impacto que la actividad humana tiene en el mundo natural, es decir, que nuestra actividad es altamente nociva debido en gran parte al nivel de industrialización y a la cantidad de residuos que generamos.
El segundo factor es la cantidad. El mundo es muy grande y unos pocos residuos, por muy nocivos que sean, no hacen nada, dicen algunos. No obstante, la cantidad de seres humanos que pueblan este planeta aumenta día a día, y con ella los residuos que generan. El poco de basura que hace cada uno multiplicado por unos cuantos billones de seres humanos, es una cantidad descomunal de residuos. Y a medida que el progreso avanza, y la calidad de vida mejora, los residuos per cápita también aumenta. Sirva como muestra un botón: Según la ONU entre el 2005 y el 2050 la población humana se triplicará de 2.600 a 9.100 millones de personas.
Así pues, el Papa se queda un poco corto en su formulación de buenas intenciones. Le falta decir que para ser ecologista, hay que reducir el número de residuos por cápita. Para ello habría que detener el progreso, cosa no factible, o encaminarnos hacia la investigación de materiales y técnicas que no polucionen tanto. Pero, incluso si logramos hacer que los residuos por cápita sigan constantes, si la población sigue aumentando, el impacto ambiental será mayor y mayor. Y aquí es donde se queda corto el Papa. Para evitar el desgaste del planeta la población debe ser controlada, el hombre no puede seguir reproduciéndose sin control. Y los métodos anticonceptivos, o los sistemas de control de la natalidad, no son el fuerte del catolicismo. De hecho, el mismo Papa afirmo unos días después que Europa se estaba vendiendo al egoísmo y que las parejas debían tener mas hijos. Muy al contrario: tener hijos sin control es hacer un uso egoísta de los recursos de este planeta, y no pensar en las generaciones venideras. Así pues, la fijación del Vaticano por identificar lo sexual con la reproducción nos puede llevar a un cataclismo poblacional. No hay que ser infalible para ver que, cuanto antes empecemos controlar el número de hijos que tienen las parejas, mucho mejor. Hacer el amor no es egoísta, traer excesivos hijos al mundo sin pensar en las consecuencias del exceso de población en este planeta, si.
Así pues, esta contradicción ecológica debe cesar. O nos bajamos de la demagogia y del carro de lo ecológico, o lo llevamos hasta el fondo, y hoy por hoy la principal causa de abuso del planeta es el exceso de población.
¿Sexo contra-natura?
Por una vez, y sin que sirva de precedente, vamos a meternos en las aguas de lo no muy políticamente correcto y hablar del “sexo contra natura”. Y si lo hago, no es para defender a los unos contra los otros, ni para expresar una opinión a favor o en contra de las relaciones de hombres con hombres o mujeres con mujeres. Si lo hago es simplemente para defender la integridad de la ciencia y de la naturaleza, y para evitar la difusión de una mentira piadosa o de una visión ingenua de la naturaleza.
Así pues, nuevamente, no pretendo defender ninguna postura, no quiero entrar en argumentos políticos, religiosos, morales, éticos, ideológicos de ningún tipo. Sólo pretendo limitar la discusión de las relaciones homosexuales al ámbito en el que deben estar (político, religioso, moral, humanista, ideológico, etc…) y sacarlo del ámbito natural.
En la Naturaleza no hay discusión posible. No se puede discutir que las piedras no caen y que la tierra no gira alrededor del sol o que no es redonda sino plana. Va uno, mira y sabe. Así pues, ¿Cómo se “lo montan” los animales? ¿Es realmente contra-natura, es decir, no existe en la naturaleza, lo homosexual?”
El tema es tan amplio que no sabe uno por donde empezar. En primer lugar, hay organismos que ni siquiera tienen sexo en absoluto. Las bacterias se dividen asexualmente, crean copias clónicas de si mismas, y ya está. Desde este punto de vista viven eternamente... Las plantas tienen todo tipo de formas de reproducirse. Asexualmente por esquejes, sexualmente por semillas. Algunas plantas tienen los dos sexos en la misma planta, otras (más raras) están en plantas separadas.
Así pues, de momento resulta que ni siquiera el sexo es algo “natural”, puesto que también existen ejemplos sin sexo. Son casos evolutivamente lejanos del género humano, como bacterias, virus, plantas. Pero también son naturaleza ¿no?
Vayamos ahora a ver todas las posibles combinaciones de los animales. En primer lugar, hay animales partenogénicos, como las hormigas y abejas, que también pueden reproducirse sexual o asexualmente. Ellos eligen. Según lo hagan producen hembras o machos. Otros, como algún tipo de lagartija, sólo lo hacen asexualmente. Lo hacían sexualmente antes, pero en algún momento se extinguieron los machos, y quedaron sólo las hembras que siguieron produciendo descendencia ellas solas. Para más cachondeo, también hay animales (moluscos) hermafroditas. El caracol, además de baboso y cornudo, es hermafrodita. Es decir, tiene los dos sexos en su cuerpo, para entendernos. Cuando se relaciona con otros caracoles ambos sexos de un caracol copulan con los otros dos sexos del otro caracol. Dos veces el gusto, vamos. No queda claro, pues, si el caracol es sexual, asexual, heterosexual, homosexual o bisexual. El caracol si que se lo monta bien, y no tiene problemas de vivienda, tampoco. El caballito de mar es otro animal curioso. En este género, quien se queda embarazado es el macho. Así pues, un hombre embarazado no es “contra-natura”, es más bien un cercano pariente del caballito de mar. Y si en esta tierra, Andalucía, la seguridad social paga cambios de sexo, tampoco es contra natura. Resulta que nuestro amigo Nemo, el pececito colorido amigo de los niños, tiene una apasionante vida sexual en la naturaleza. En la colonia de peces payasos, los pequeños son asexuados. Nacen con los dos sexos los muy viciosos, pero ninguno está activo. El pez mayor de la colonia, resulta que es la hembra. El siguiente en tamaño, es el macho. Todo muy organizado, si. Cuando la hembra muere, y después de los funerales y ritos oportunos, el pez macho cambia de sexo y pasa a ser la hembra, y el siguiente en tamaño, pasa de asexuado a ser macho. Todo un cambio de sexo natural. Puede buscar el lector interesado por todos los seres vivos “protandro”, es decir, aquellos que nacen con un sexo y después se transforman en otro.
Por último quedar hablar de los perros, y otros animales más familiares. Los perros, no solo se masturban con su lengua (o al menos lo intentan), también montan cualquier cosas que se les ponga por delante. Desde a otros perros machos hasta personas y patas de mesas. Los toros, animal símbolo de la virilidad, gustan de retozar con otros toros, como servidor ha visto con sus propios ojos. Quien no se lo crea, que vaya y pregunte, o busque en Internet. Los familiares y entrañables gatos, además de beber leche y ronronear en los retazos de los abuelitos, gustan de practicar lo que podríamos llamar “orgías”. En ellas la gata atrae gatos a su alrededor, que la van montando uno tras otro. Como resultado, en una camada una gata puede tener varios gatitos ¡de padres diferentes! Eso sería como tener trillizos, cada uno de un padre. Y mejor no hablemos del pene del gato, que tiene unas púas tal que, al acabar la faena, desgarra en parte a la gata para asegurarse que la gata deje pasar un rato hasta que el siguiente gato entra en acción, y que de esta forma algún espermatozoide puede fecundarla antes de que venga la competencia.
Si queremos hablar de la monogamia, también tenemos de todo. El cisne es monógamo, las gallinas polígamas, y en algunos pájaros su disposicion depende de la cantidad de alimento que tengan alrededor. En un género de pájaro inglés cuyo nombre no recuerdo, el macho se asigna un terreno más o menos constante, mientras que la hembra toma más terreno según la cantidad de alimento que haya. Si hay mucho alimento, hay muchas hembras por kilómetro cuadrado, si hay poco, hay pocas. Pero el número de machos por kilómetro cuadrado es constante. Así pues, cuando la cantidad de alimento es más o menos normal, el terreno del macho y la hembra coinciden, y viven monógamos felices y contentos. Cuando hay poco alimento, hay pocas hembras y muchos machos. Todos los machos visitan y se trajinan a la hembra, la cual recibe alimento de todos ellos. Poco alimento, pero muchos machos recogiéndole, la dan alimento suficiente para ella y su descendencia. Cuando hay mucho alimento, hay muchas hembras por kilómetro cuadrado, de forma que en el terreno de los machos coinciden más de una. Entonces el macho busca y alimenta (e intima, claro) con varias hembras. Pero como hay mucho alimento es capaz de encontrar y alimentar a todas ellas y su descendencia. La belleza de este asunto es que se maximiza la producción de pajaritos según el alimento. Pero la lección es que este amoroso pajarito es monógamo o polígamo según el caso, y también según el caso y para evitar discriminación, el polígamo es él o es ella.
¿Y si nos ponemos a hablar de felaciones, sexo lésbico, etc? Pues tenemos a nuestro casi primo-hermano, el bonobo (Pan Paniscus) que practica felaciones, sexo lésbico (GG rubbing), orgías, adultos masturbando a infantes, homosexualidad, en gran parte por divertimento y también como forma de acotar los problemas sociales.
Y sólo por concluir, mejor no hablemos de las conductas sexuales en otras culturas humanas, en especial las tribus de cazadores-recolectores. Podríamos añadir la poligamia aceptada, el travestismo de algunos shamanes indígenas, los ritos iniciáticos con felaciones homosexuales de Nueva Guinea y muchas, muchas otras cosas "raras" según los cánones de nuestra propia cultura.
Así pues, pasen y vean, elijan y escojan, en cuestión de sexo la naturaleza ofrece de todo, y nada es contra-natura. Homosexualidad, cambio de sexo, poligamia, inter-género (los caballos con los burros, produciendo mulas), hermafroditismo, clonación, orgías, embarazos masculinos, auto-satisfacciones...
Así pues, aún no se ha dicho aquí si se está a favor o en contra de nada, pero que es contra-natura, ciertamente que no lo es.
¿Elecciones? ¡Una de pestiños!
Otra vez nos tocan elecciones. Llega el momento en que hay decidir si gobernara el equipo A o el equipo B en este o aquel municipio. En algunas regiones (no en Andalucía), también hay autonómicas.
En cualquier caso, otra vez han sido las campañas, las promesas, las sonrisas. Las buenas intenciones, soluciones maravillosas, se repiten una vez más.<
Pero, pese a todo, parece que los verdaderos problemas importantes siguen ahi. Los partidos proponen algunas tibias soluciones a la vivienda, a la inestabilidad laboral, a los trabajos basura, problemas educativos, déficit del sistema de la seguridad social, escasa competitividad de la economía española frente a otras europeas, la americana y las asiáticas, etc. Estos problemas son los que, creo, están de fondo y marcaran un cambio significativo para millones de ciudadanos. Pero estos problemas requieren soluciones serias. No solo palabrería. Y esto no es fácil. Puede uno revisar los catálogos y las promesas electorales, no encontrará diferencias significativas entre A y B o, si parece que hay alguna, no logrará profundizar en el verdadero significado de las propuestas.
Por ejemplo, si A dice: "Mejorar el acceso a la vivienda". ¿Que significa eso? ¿Donde pone en el programa si para eso van a bajar el impuesto de compra/venta, o crear más pisos de protección, o regular el dinero "B" lamentablemente acompañado a toda transacción inmobiliaria? Y, si van a crear más pisos de protección, ¿donde dice de donde van a sacar el dinero? ¿Van a quitarlo de otro sitio? ¿Van a grabar mas a otras personas? ¿Se va a endeudar más el Estado? Y cuando el partido B dice: "Aumentar laflexibilidad laborar y competitividad" ¿que significa? ¿flexibilizar el despido? ¿meter mano a los tipos de contratos? ¿facilitar o subvencionar la creación de nuevas empresas? Pero, generalmente, dichos programas dicen bien poco y solo insinúan soluciones, quizás en parte por la dificultad de solucionar estos problemas o por la falta de interés en solucionarlos.
Pero, así como los partidos se muestran tibios y timoratos para ofrecer soluciones a problemas básicos, ofrecen respuestas, generalmente ideológicas, a los temas candentes que, si bien sublevan a la gente, no resultan, quizás, tan importantes. ¿Divorcio cortado o con leche? ¿Matrimonios con aromas naturales o artificiales? ¿no se quien se quito la ropa o se la puso al rever? ¿un ex hizo no se que polémicas declaraciones o las dejo de hacer? Y, con mucho respeto, ¿estos son los principales temas en el país? No niego que estos temas tengan cierta importancia, pero dudo que deban capitalizar el proceso electoral. Pero, por supuesto, los políticos de uno y otro bando juegan a su juego de suscitar odios e inquinas pasadas, de acudir a lo visceral, al voto ideológico, al estas conmigo o contra mi, las viejas dicotomías de arribas o abajos, amarillos o marrones, cielos o infiernos. Y, mientras los temas de base siguen esperando ser resueltos en un segundo plano (quizás porque en materia macroeconica las diferencias entre A y B sean infinitesimales), los lideres siguen dividiendo, sublevando y soliviantando a la gente. Y la gente entra a este juego también, y al final, se encuentra uno más polémica, mas discusión, mas gente quemada, en vez de soluciones, argumentos, consensos y pactos.
Pero, tendrá que ser así. Y mientras tanto, otra vez elecciones. Pues nada, a elegir entre el huevo o la gallina, la cara o la cruz... Pero este año yo lo tengo claro, yo lo que quiero son unos simples pestiños con miel.
El misterio inmobiliario
La economía española sigue siendo un misterio para servidor. Leí el otro día que España ha pasado como potencia económica a Canadá, y se ha situado así como la octava potencia mundial. No es moco de pavo.
No obstante, cuando miro alrededor, y veo a amigos, familiares y conocidos que viven y trabajan en España, sigo viendo unos sueldos bastante modestos, unos precios para cosas básicas que han subido bastante en los últimos años (¿Efecto euro?) y, sobre todo, el misterio de la vivienda en España, es decir, unos precios para las casas prácticamente imposibles, en relación con los salarios del ciudadano de a pie, digamos.
Pongamos un ejemplo para concretar. Hace dos años, cuando trabajaba como profesor e investigador contratado de una Universidad pública, servidor no llegaba a cobrar 1.000 euros al mes. (Sí, este es el valor que se da a la educación en España). En la ciudad en la que vivía por entonces, un piso normalito (60 metros, 35 años de antigüedad, sin garaje ni ascensor), en un barrio de lo más normal cuesta 130.000 euros. Por lo tanto, en el peor caso de que uno viva sólo, pagando una entrada de 13000 euros (ahorro que no es trivial de conseguir) queda una hipoteca, por 30 años, de más o menos 614 euros al mes, suponiendo un préstamo de 117.000 euros al 0.5 + Euribor, y asumiendo el actual euríbor en 4.30, todas ellas suposiciones no sólo realistas, sino también favorables dentro de lo que cabe. Eso deja menos de 400 euros al mes, sin haber descontado aún impuestos, pagos de comunidad, agua, luz, teléfono, etc, etc. Así pues, ésta es la situación que puede esperar el ciudadano promedio, con ciertos estudios, sin grandes aspiraciones de casas grandes y lujosas. Evidentemente, con estos cálculos, en los que no veo nada errado, la conclusión es que la maravillosa economía española debe ser maravillosa para otros. Para la gente normal, que hace el país con su trabajo diario, la economía sigue casi en los límites de la supervivencia. Como pueden vivir familias y familias de esta forma, o dónde van a parar las ingentes cantidades que una octava economía mundial consigue, son aún misterios para mi. Imagino que el modelo social de España, donde las familias ayudan a los jóvenes económicamente y estos pueden vivir en casa de sus padres bastante tiempo antes de independizarse, ayuda mucho.
El misterio de la vivienda da para mucho hablar. Leo en un periódico que en España se construyeron el año pasado 800.000 casas. Cuatro veces más que en todo el Reino Unido, cuando en el Reino Unido viven 20 millones más de personas que en España. ¿Para quién son esas casas? Parece ser que, en gran parte, las casas nuevas, sobre todo las de la costa, son compradas por europeos, (30% de ellos británicos) que quieren retirarse en España y tener sol y buen clima (¿quién no querría?) Pero seguramente, las economías europeas no estén basadas en el ladrillazo y la especulación, estén mejor distribuidas y permitan que sus ciudadanos tengan un nivel adquisitivo que les permita tener una vivienda, mientras nosotros seguimos sin invertir en educación, con un presupuesto para investigación y desarrollo ridículo y una industria basada más en la manufactura y mano de obra barata (que ya no va siendo tan barata en comparación con Polonia o China) en vez de en el diseño e innovación. Pero al menos, el chollo de la construcción en la costa parece estar llegando a su fin. Hace unas pocas semanas hubo espectaculares caídas en la bolsa de las grandes empresas urbanísticas españolas, una de ellas llegando a perder un 70%.
Así pues, la costa española se llena de casas que en su gran mayoría los del lugar no pueden permitirse. Sucede también en Cádiz. Leo que los jóvenes, poco a poco, se van marchando de la ciudad. Cada vez más gente de fuera va comprando los pisos allí, como lugar de retiro y veraneo. Pero por otra parte, cuando veo que los precios en Cádiz oscilan desde 150.000 hasta 250.000 euros (precios recién sacados de Internet ahora mismo), me pregunto ¿quién puede, cobrando 1.000 euros al mes, vivir en la tierra donde nació si una casa cuesta doscientas cincuenta veces lo que el cobra en un mes? Eso significa que, si uno no gastara ni una mísera peseta al día, que no es que sea una suposición demasiado realista, digamos, y viviera sólo de la beneficencia, aún así necesitaría los ahorros de 21 años de su vida para comprarse un piso. ¡Suponiendo, claro, que los pisos no subieran más que el salario durante esos 21 años!
Postdata: Reviso este post el 4 de Marzo de 2009, en pleno Crash de la economía. No pretende uno ser sacerdote ni predecir nada... pero esta claro que no hay nada nuevo bajo el sol, y sólo la venda en los ojos previno que no viéramos a donde vamos...
El timo del ecologismo
El ecologismo como ideología es un gran timo. El ecologismo de finales del siglo XX está muerto. Todo el trabajo de divulgación y concienciación pasados no parecen haber hecho ningún impacto en los hábitos de producción y consumo del ser humano, excepto en unas pocas personas y unos pocos hábitos que son más un maquillaje que una realidad.
Ahora bien, si bien el ecologismo está muerto y fue un timo, eso no significa que todo su fondo científico y moral fuera falso. Muy al contrario. La idea de que el hombre, movido por un amor al medio ambiente, por buenas intenciones y un apego a lo natural, cambiaría parte de sus rutinas por la mejora del planeta, esa es la idea del ecologismo del siglo XX que está muerta y fue un timo. Un nuevo ecologismo, el ecologismo del siglo XXI, ha nacido.
Permítame el lector hacer aquí un breve paréntesis, una analogía entre el ¨viejo¨ y el ¨nuevo¨ecologismo. Permítame compararlos entre las viejas y las nuevas ideas socialistas. Las viejas ideas creían en una especie de bondad natural del hombre, donde éste repartiría sus bienes, creería en el sistema del reparto, y de alguna forma, crearía un sistema sin desigualdades movido por buena fe, digamos. Las nuevas ideas se basan en que es necesaria una cierta igualdad y un sistema social como sistema de seguridad. En un sistema muy desigual el choque entre las clases genera unas fricciones gigantescas que terminan rompiendo dicho sistema. Por tanto es necesario mantener la desigualdad dentro de un límite para que el sistema pueda generar riqueza.
De igual forma el nuevo ecologismo está desprovisto de toda ideología y se basa más bien en los simples hechos: Nos guste o no nos estamos cargando el planeta. El calentamiento global es un hecho, y es también un hecho que si continúa a este ritmo la humanidad se va a ver sometida a grandes cambios. La ideología ha dejado lugar a los hechos. Y los hechos no son halagüeños. Deshiele de glaciares, desertización, lagos que se secan, olas de calor abrumadores en verano, inviernos "casi" sin heladas en sitios tradicionalmente fríos, árboles que florecen antes, animales que cambian sus hábitos migratorios, disminución del hielo en la Antártica, en Groenlandia y en el polo norte, etc... Así que por fin, el ser humano, parece empezar a moverse. No movido por su gran amor a las verdes plantitas y a los peluditos cachorros, sino movido por el miedo a la catástrofe y al cambio excesivo.
E, incluso así, no está claro que la humanidad se esté moviendo mucho. Es tan grande la inercia, son tan fuertes los intereses, que la evidencia ya recolectada y los hechos innegables no parecen aún vencer los recelos de quienes no quieren cambiar el status quo (que somos más o menos casi todos). Desgraciadamente, más y más evidencias aparecen sobre el impacto del hombre en el medio ambiente. La extinción de los osos polares, o la desaparición de miles de colonias de abejas, tan imprescindibles para la polinización, son sólo dos ejemplos.
Ante este panorama, algunos optimistas aún creen en el mito tecnológico. Este mito afirma que, la misma tecnología que nos ha puesto en este estado de guerra contra el planeta, será la que aporte soluciones para el problema. Ello significa que podemos contaminar libremente hoy para descubrir como limpiar el planeta mañana. Y eso estamos haciendo. La tecnología sigue creando ordenadores, que contienen arsénico, entre otros muchos incontables venenos, televisiones de plasma o baterías recargables. La vida media de dichos aparatos disminuye, a medida que la "calidad de vida" aumenta. ¿Qué haremos con toda esa basura una vez usada? De momento se apila y, cuando se puede, se manda a países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Cuando dicha solución resulta inaceptable, se rebautiza la basura electrónica como "reusable" y se sigue enviando, cuando sólo un 25% de ella suele ser realmente reusada en dichos países. En cualquier caso, sea cerca de nuestra casa o muy lejos, dichos materiales altamente contaminantes están esperando, esperando la oportunidad de pasar a la tierra que cultivamos, el agua que bebemos o el aire que respiramos.
Ni la ciencia ni las religiones nos van a sacar de este tinglado. El avance tecnológico sigue investigando sin importarle mucho las consecuencias medioambientales. He estado en muchos congresos científicos sobre electrónica, y en ninguno he oído hablar de las implicaciones de los nuevos desarrollos en el medio ambiente. Y muchos de los nuevos inventos son aún más complejos, es decir, aún más contaminantes. Por su parte las religiones, al menos la católica que desafortunadamente conozco, siguen más interesadas en prohibir el condón y decirnos lo que hay que hacer en la cama que en empezar a hablar de la perspectiva moral de los problemas medioambientales y de desarrollo. Sin duda alguna, los líderes religiosos deben estar contentos. La biblia dice "conquistad la tierra y sometedla" y eso estamos haciendo. Pero también es cierto, que, excepto para prohibir el uso de células madre para investigación, la religión ni sabe ni quiere saber nada de los problemas tecnológicos actuales. Extraña contradicción esa de no tener que preservar la Creación, la obra por antonomasia del Creador.
Así pues queda tan sólo esperar, esperar el nuevo mazazo, la siguiente crisis que nos demostrará, de una vez por todas, que el ecologismo no es más que un sano egoísmo de cuidarnos a nosotros mismos, que somos las lechugas que comemos y el aire que respiramos. Confiemos que para entonces no sea demasiado tarde.
Llevar al huerto
En esta sociedad del siglo XXI, que corre aún más deprisa que nunca escapando de sí misma, no hay nada como tener un huerto para encontrar la tranquilidad y el placer de ser uno mismo. Quizás se deba a que me estoy haciendo viejo, o quizás a que estoy volviendo a los valores de mi niñez, pero en cualquier caso encuentro el huerto fascinante. Aquí donde vivo, en lo que algunos llaman el Silicon Valley, la gente encuentra fascinante construir una micro herramienta que permita bombear un nanómetro cúbico de fluido. Yo sigo encontrando mucho más fascinante plantar un rábano, una diminuta semilla marrón, aparentemente inerte, y ver como la cosa crece día a día, produce hojas, un grueso tallo rojo, y todo ello a costa de tomar el sol y absorber quién sabe qué del suelo.
Reconozco que también hay algo de rebeldía en tener nuestro huerto. El mío no es un huerto cualquiera. Es un huerto orgánico. Tener un huerto orgánico es algo "religioso". Hay cosas que no puedes hacer. Una de ellas es usar pesticidas o abonos químicos. A cambio hay que usar "oro negro", o compost. En un paso más de rareza produzco mi propio compost a base de tener lombrices en una caja que se alimentan de los residuos de mi cocina y producen dicho compost a cambio. El huerto orgánico es también algo místico. Trata sobre honradez, integridad, amor y transformación. Honradez de no hacer trampas, de no pedir a las plantas que sean lo que no quieren ser. Integridad de no ceder en el empeño, aunque los insectos parezcan estar ganando la batalla o las malas hierbas lleven ventaja, amor a las plantas, a la tierra, e incluso a las plagas que amenazan la cosecha. Pero sobre todo transformación. Saber que los restos de tu comida son comidos por lombrices que generan compost que es comido por microorganismos que liberan nutrientes para las plantas que transforman el sol y el agua y los gases de la atmósfera en comida de nuevo.
El huerto orgánico es rebelión, y es protesta también. Protesta porque no nos damos cuenta como al buscar más comida y más barata envenenamos la tierra y el agua, matamos miles de insectos, pájaros y animales y transformamos el campo en un desierto especializado donde crecen nuestros alimentos, debilitados, rodeados sólo de tierra estéril, esperando el día en el que serán arrancados y transportados para ser comidos por bocas insatisfechas. Rebelión contra la falta de sabor de los alimentos, rebelión contra la insatisfacción del sistema actual, rebelión contra quienes quieren convencernos de que la industrialización lo es todo. Y también cierta independencia.
Vivimos rodeados de veneno y mi pequeña huerta intenta ser una área de vida prístina y virginal. En ella la araña puede convivir junto con el diente de león. La huerta enseña tolerancia, enseña a aceptar la falta de perfección o, mejor aún, lo imperfecto que es lo que el hombre considera perfecto. La huerta enseña paciencia y observación. Es todo un Universo en miniatura. En ella el pequeño rosal produce un capullo, que día siguiente está infestado de pulgones. Pulgones que son ordeñados por las hormigas. Orugas que se comen los pulgones. Hormigas que atacan a las orugas. Mariquitas que también comen pulgones. Un equilibrio que no necesita al hombre porque ha funcionado millones de años. Al final el rosal sobrevive y uno sabe que su huerta y sus flores no son un desierto donde sólo lo organizado y lo perfecto tienen cabida. Los pulgones, orugas, arañas, hormigas y mariquitas también tienen cabida. Y, al final, hay comida para todos, incluido para mi que puedo disfrutar el aroma de las rosas sin temor a inhalar mi propio veneno.
A veces me pregunto. ¿Transformaremos algún día el mundo en una huertecilla orgánica?
Economia y refranes
Servidor ha observado últimamente la facilidad con la que se achacan todos los males de la sociedad moderna a la llamada "Economía de mercado". Incluso, en ejercicio de autocrítica, servidor mismo usa el recurso fácil de criticar las corporaciones, el capitalismo moderno, la globalización, la industrialización, etc, y pensar que el mundo antes de todos estos descubrimientos era más plácido, menos estresante, más agradable. Pero servidor está bastante equivocado.
Criticar la economía de mercado no es sólo inútil, es también un poco tonto. "Nadie muerde la mano de quien le da de comer". Dicha economía es sólo un síntoma, es tan sólo una manifestación de algo. Como tantas facetas de la vida humana, la economía de mercado tiene su cara y cruz. Es fácil criticar la cruz, es sencillo enajenarse cuando se ve el daño a las sociedades en forma de despidos, o el daño al medioambiente que queda supeditado a las ganancias de una compañía. Pero esas mismas personas que se ven afectadas negativamente, no ven la cara del mismo proceso. No podemos criticar la economía de mercado, porque esa economía somos nosotros. Es como "nadar y guardar la ropa". No existe como un ente independiente. Es nuestra creación, nuestro hijo, nuestro discípulo. Es un monstruo, pero es nuestro monstruo. Mama de nosotros, nosotros le alimentamos día a día.
"El que algo quiere, algo le cuesta". Nos parece tan normal ir a una tienda y ver tanta variedad de frutas y verduras, muchas fuera de temporada. Después criticamos que no sepan a nada, o que algunas estén genéticamente modificadas. Si la tienda A es más cara que la B, vamos a la tienda B. Más tarde nos enfadamos porque descubrimos que la tienda B es una gran cadena de supermercados que importa de no se sabe donde y no genera riqueza local. Nos fascina que los ordenadores sean cada vez más rápidos, más potentes, y que a la vez sean más baratos, y a la vez nos quejamos de que el salario de nuestro hijo, que trabaja ensamblando ordenadores, sea tan birrioso. Compramos un GPS para el coche por cuatro durillos, hecho en China con tecnología americana, piezas de México y ensamblado en Vietnan, y luego por la noche nos horrorizamos al ver un reportaje en TV sobre las condiciones de trabajo en Asia.
Si hay un monstruo que maldecir, ese somos nosotros. Es la misma naturaleza humana la que ha creado este sistema. Somos usted y yo. Por nuestra naturaleza humana queremos más, y por la Naturaleza física de las cosas, más aquí implica menos allá. "Nadie da duros a cuatro pesetas". La sociedad demanda más y más productos. Los individuos consumen cada vez más y más, pero luego se lavan las conciencias criticando este o aquel particular evento cuya consecuencia son nuestros propios hábitos de consumo. Podemos creer en el medievalismo de que no necesitamos tantas cosas. De que podemos vivir como hace 20, 50 o 100 años. Pero es una fantasía tonta. Primero, hace 20, 50 o 100 años existía el mismo estress, competencia feroz y desigualdad social que ahora (si no más), y segundo, cuando empieza a entrar en juego nuestra calidad de vida, las ideologías caen por el suelo rápidamente. Podemos creer que no necesitamos televisores de plasma o coches más potentes, pero el día en que nos detectan un bulto, o nos diagnostican diabetes, ese día soñamos con la tecnología más avanzada del mundo para que puedan curarnos lo más rápido y sin dolor posible. Y el caso es que "sopas y sorber no puede ser". No se desarrolla la medicina, por poner un ejemplo, sin desarrollar otras cosas. La carrera de la tecnología es sólo una, y afecta todas las facetas humanas. Llega a campos y ciudades, a niños y a mayores. Llega en forma de un nuevo modelo de televisor, y en forma de despidos de las empresas. Es esa nueva fruta que hay en el supermercado, ese nuevo vecino que no es de este país, esa cadena de hamburguesas que hizo cerrar el negocio de al lado. Es el nuevo tratamiento para la miopía, y es la polución y la contaminación de la ciudad. No hay cara sin cruz, no hay Yin sin Yan, no hay bien sin mal.
La economía de mercado no es buena ni mala. Es una mera manifestación del ser humano. Es el ser humano quien quiere más y más. Y está teniendo más y más. "¿Querías taza? Pues toma taza y media".
Un electromundo feliz
Servidor estuvo el otro día invitado a la fiesta de un amigo. Se trata de estas personas que adoran los cacharros electrónicos. No había más que ver su casa o, para ser más exactos, su salón. Una televisión gigante presidía la estancia, mientras que la chimenea, que debería quizás ser el centro del hogar, quedaba relegada a un segundo plano, tapada en parte por otro cacharro electrónico cuya presencia me erizó el cabello: Un acunador de niños eléctrico. (¿Qué es eso de acunar a sus hijos uno mismo? Un padre tiene cosas más serias que hacer, como por ejemplo, trabajar).
El caso es que la televisión, gigante cual la ambición de un político, estaba a su vez rodeada de todo un rosario de maquinitas electrónicas. Estaba el vídeo, por supuesto, que como todo vídeo moderno debe constar de un reproductor VHS y otro de "deuvedés". Se encontraba también en acto de servicio el TiVo. Este último aparato ofrece la posibilidad de grabar en su disco duro interno una enorme cantidad de programas de televisión. Permite reproducirlos más adelante, quitarles los anuncios, etc. También permite ver la televisión "en vivo", y rebobinar hacia atrás el programa que estamos viendo, ya que graba por defecto los programas en su cache. Al lado del TiVo, y como grandes amigos, se encontraba el cachivache para la televisión por cable. ¿Nos parecen suficientes aparatos? Pues el caso es que también había el "no-va-más", el ordenador dedicado únicamente a "Media Center", para controlar todos los otros aparatos. Y, por supuesto, había también un portátil normal conectado a todo lo demás, para poder también navegar la Internet con nuestro teclado, a modo de tabla de Windsurf, y añadir algo de excitación a nuestras burguesas vidas surfeando las cristalinas olas del ciber-despacio (¿o era ciberespacio?).
Así pues, imagínese el lector el mazacote de cables que había en el salón. Imagínese también, con lo que nos quede de imaginación no atrofiada aún por el televisor, al dueño de la casa, feliz ante su colección de electro-cosas, con dos mandos a distancia, uno en cada mando, controlando la jungla electrónica cual operador aéreo en su torre de control. Aproveche de paso el lector para robarme mi idea de negocio: un mando a distancia que se maneje con la boca, para así poder usar tres mandos en vez de tan sólo dos, que parece una limitación prehistórica incompatible con los aires modernos.
Así pues, mis ojos iban, ora al acunador eléctrico, ora al centro neurálgico de servicios de ocio que el tipo tenía montado en su casa, ora al propio tipo, feliz por haber satisfecho los sueños de toda una vida. Feliz por no tener que caminar, que leer, que acunar o que pensar. Feliz porque por fin la vida es sólo trabajar, ver la televisión, y tocar los botones de nuestros mandos a distancia. Recibir el rico fluido nutricional de estupidez televisiva diaria, dormir e ir a trabajar, uno y otro día. Felizmente aislados por nuestra coraza electrónica de todas las cosas que tiene esta fatigosa existencia.
De esta manera, en un instante de iluminación pasajera, se me ocurrió cual será el nuevo invento del futuro: el acuñador de niños. Ya no habrá que fatigarse en lúbricas y perniciosas actividades con repugnantes intercambios de fluidos. Se acabaron las impúdicas fricciones, los molestos ruidos periódicos, las emboladas orgánicas. El acuñador de niños, acuñará dichas criaturas por nosotros, en producción industrial y convenientemente robotizada. La conferencia episcopal aplaudirá la decisión, pletórica por poder prohibir el sexo incluso con fines reproductivos, y los demás dormiremos felices al saber que por fin, el ingenio humano, ha logrado crear el mundo de nuestros sueños, un mundo donde sólo haya que trabajar y, para descansar un rato entre jornada y jornada, ver la televisión. Por fin, al cabo de tantos años, viviremos en un electromundo feliz.
El mundo en bicicleta
Mi existencia se divide en tres etapas. En la primera iba andando al colegio y usaba la bicicleta los fines de semana, en la segunda iba al trabajo en coche y en coche los fines de semana, en esta tercera voy al trabajo en bicicleta y, cuando puedo, también la uso los fines de semana. Me gusta como se ve el mundo cuando se va en bicicleta. Lo suficientemente rápido para que sea interesante y no aburra, pero lo suficientemente lento para saborearlo brizna a brizna. Me gusta el viento en la cara, el olor de los naranjos que empiezan a florecer, el silencioso avanzar de la bicicleta. Me estimula la fatiga de subir una cuesta, recompensada por la emoción de bajarla, casi sin dar pedales.
Servidor ha ido al trabajo en bicicleta en tres países diferentes. En España casi como acto de rebeldía. En la Universidad mis estudiantes me miraban por encima del hombro, como intentando averiguar de que árbol me había caído. El vecino del quinto me preguntaba: -¿Viene usted de paseo? Y yo respondía: -No, vengo del trabajo. Y el replicaba. -¡No!, del trabajo no puede venir usted en bicicleta, que yo se que usted trabaja en la Universidad. Parece ser que nuestro país, mezcla de tantas culturas, y copia de tantas cosas, la bicicleta y la docencia son mutuamente incompatibles.
En Alemania ir en bicicleta era algo normal. No ir en ella era lo anormal. Mi breve experiencia en Munich me enseñó que las prioridades de circulación son por este orden: Primero los ciclistas, luego los peatones, luego los coches. Se que en otros países nórdicos el uso de la bicicleta es aún más masivo que en Alemania, pero se me hace difícil de creer. Jamás he visto tantas bicis, ni tanta gente usarlas. Familias enteras yendo en bicicleta los domingos, carritos adosados para llevar la compra, o a los niños.
Por último en California el uso de la bicicleta es normal, pero no masivo. Aquí da igual lo que haga uno, nadie juzga ni parece que le importe a nadie un comino. Podría ir al trabajo en una bicicleta rosa con luces de neón y ruedas de cristal de roca: nadie me iba a mirar ni decir nada. No obstante por aquí es difícil explicar que voy al trabajo en bicicleta porque me gusta. En una cultura encaminada a la consecución de metas las acciones simples son difíciles de entender. Podrían entender que soy ecológico y voy en bicicleta por motivos ideólogicos, o que hago competición y aprovecho el paseo al trabajo como entrenamiento. Pero no es fácil de entender que vaya al trabajo tranquilito, saboreando cada pedaleada, olvidándome de que hay un punto A del que he salido y un punto B al que voy a llegar.
Así que empieza uno con una bicicleta y, poco a poco, se da cuenta de que la existencia de uno bien podría ser lo mismo. No hay puntos A y B, sólo hay camino. Hay días de sol, días de lluvia. Cuestas arriba, y cuestas abajo. Hay un pinchazo en medio de la carretera, un día que hay que ir andando y se llega tarde a todos sitios, pero también hay el saber repararlo.
Todo un mundo se desarrolla en torno a la bicicleta. Una que se ha comprado de segunda mano y, tras un breve ajuste, funciona de maravilla. La vendedora me preguntó si sabía darla aire. Para ella dar aire a una bicicleta parecía un misterio. Otra cuyo dueño la mantiene en su garaje, sin vida, porque hace 2 años se le pinchó la rueda y aún no ha tenido tiempo ni ganas de llevarla a reparar (y no hablemos ya de repararla por si mismo). Muchas otras que son usadas como meros instrumentos, como medios para alcanzar fines. Como lo hace todo el hombre, cegado por el fin, el objetivo, usando cosas y personas para alcanzarlo para, una vez logrado, usarlo como trampolín para el siguiente fin. Corriendo, corriendo hacia una meta futura que no logrará tampoco saciar el voraz apetito de la ambición. Pedaleando sin cesar por una carretera, sin pararse a descansar, a ver las setas que salen en la cuneta, a oler la fragancia de las coníferas, a extasiarse con el arcoiris de una mancha de aceite en un charco, confiando en llegar a algún sitio lo antes posible, para desde ahí seguir corriendo hacia el siguiente sitio, cualesquiera que sea. Pero servidor prefiere aparcar la bicicleta en la cuneta, sentarse un ratito, respirar el aire fresco de la mañana, y ver los coches pasar.
Amores imposibles: Internet y las abuelas
Servidor es un ser afortunado: Aún conserva una abuela. Qué más le gustaría que tener dos de ellas, y sus dos abuelos también, pero la vida les llamó a reserva hace tiempo y ahora forman parte de los reclutados por la inexistencia. El caso es que aún recuerdo como, hace ya bastantes años, dicha abuela me llamó por teléfono para advertirme de los peligros de encender el ordenador. Acababa de oir por la radio que había un "virus informático" y, en consecuencia, me alentaba de los peligros de la infección "ordenador-persona". Explicarle que eso es imposible fue tan difícil como explicarle a mi madre que es imposible mandar un DNI original por FAX: Haga uno lo que haga siempre llegará una fotocopia al otro lado.
Internet y las abuelas es uno de esos amores imposibles. Y ellas se lo pierden. Yo no sé como podría vivir sin Internet. En un día normal lo uso para ver las cuentas de los bancos. ¿No es afortunado poder ver como los debe se amontonan y los haber apenas existen? También puedo saber cuanto he ahorrado para el plan de pensiones. ¡Gran logro ver que en el doble de edad que tengo ahora, más 3 años (parece un problema de matemáticas), podré retirarme con unos ahorros suficientes para un bocata de tortilla al año! También el banco online me ofrece la posibilidad de agrupar todos los gastos de tarjetas de débito, crédito y cheques en un gráfico de tarta y ver que me gasto un 2% en comida y un 97% en vivienda. (La vivienda y los jóvenes, hablaremos de este otro amor imposible otro día). Con Internet puedo también acceder a mis gastos médicos y ver mis múltiples achaques convenientemente listados y categorizados: Achaques reumáticos, al corazón, al riñón, etc...Ver todos los correos y contactos de amigos, conocidos, parientes y recibir cientos de correos SPAM que me ofrecen remedios milagrosos para una mejora de mi rendimiento nocturno (Viagra, alargamientos, etc...) Imprimir las fotos de mi viajes online, comprar el libro que necesito para un curso, ver los planes de acciones de la empresa, conseguir las direcciones para ir a cualquier sitio, y un largo etcétera (si bien, por más que lo escribo una y otra vez, no me sale más largo, siempre tiene 8 letras).
Si tuviera que quedarme con dos aplicaciones de Internet que me producen ciertos escalofríos, escogería eVite y eBay. La primera permite organizar fiestas online. La idea es simple. Introduces los datos de la fiesta (lugar y hora, básicamente) y los invitados. Con esto a cada invitado le llegará un e-mail para poder ver los datos de dicha fiesta, e ir así confirmando, uno por uno, si pueden o no ir. También pueden añadir sugerencias. El qué sucede si un invitado no tiene e-mail no está incluido en eVite. ¿Una persona sin e-mail? ¿Es eso posible? Así que, sin e-mails no hay fiesta, razón por la que mi abuela no va a muchas fiestas últimamente (supongo). Pero eVite no se queda ahí, no. Permite que los invitados te hagan donaciones (de dinero, para donaciones de órganos aún no he visto una página web, pero seguro que la hay) por pay-pal (otro e-invento), y también hacer una lista de cosas que hay que traer a la fiesta. Así que, eVite es la perfecta excusa para el geek super vago. Tu pones el día y la dirección de tu casa y haces una lista de todo lo que, como buen anfitrión tendrías que comprar pero no quieres, la cerveza, las tortillas, las aceitunas, etc. Te sientas relajado (mientras lees las noticias, ves el tiempo y lees la definición de batracio, todo ello por Internet, claro) y sólo queda esperar que empiecen a venir los invitados y las provisiones.
Respecto a eBay: la idea es montar el negocio en casa. Es un sistema de subastas para comprar cualquier cosa. (Si, Cualquier Cosa). Un particular pone a vender su gato disecado, y los compradores virtuales hacen ofertas. El que más ofrezca, se lleva el gato al agua. Junto al precio ofertado pagas el precio de envío (que para gatos que visitaron al taxidermista no se a cuanto está) y en pocas semanas recibes por correo el susodicho animal que, según tu mal gusto particular, puedes poner en una estantería del salón o del frigorífico (dar gato por liebre, creo que se llama). Y si lo que quieres es ganar mucho dinerito, siempre puedes ser tú el que vendas el gato, o cualquier otra cosa de la que te quieras deshacer. O puedes comprar el gato, esperar a que crezca, e intentar venderlo más caro luego. Para vender algo no tienes más que listarlo en eBay, y esperar a que el personal empiece a hacer ofertas. 1 euro, 5, 15, 23, 48 ¿alguien da más? ¡adjudicado por 48 al usuario joselito_47 ! Ahora a esperar a que te pague, y a envolver de nuevo al maldito gato y mandarlo por correo a su nuevo dueño. Y es que los gatos tienen siete vidas hasta después de muertos. Esto también explica por qué las abuelas no suelen gozar de recursos económicos: sin internet no pueden usar eBay y montar sus propios negocios, claro.
Muchas más cosas sorprendentes quedan por descubrir aún sobre Internet, pero es menester que por hoy terminemos este ya de por si largo relato, y vayamos al merecido reposo que, tras desfacer entuertos y leer e-mails, hemos ganado. ¡Con Internet hemos topado, amigo Sancho!
Globalizacion
Globalización es una de esas palabras que va de boca en boca. Es una palabra de moda, que queda muy bien como comodín de cualquier conversación. Da un toque refinado y culto a quien la usa, aporta un matiz de modernidad, un barniz de respetabilidad y conocimiento, de alguien ilustrado y versado en cosas nuevas. ¿No sabes que decir, o como terminar una conversación con la suegra? Nada mejor que “Sin duda este es un síntoma claro de los procesos de globalización de este siglo que estamos estrenando” para impresionarla y, de paso, esquivar discretamente otros más escabrosos y personal temas de conversación.
Pero el fenómeno de la globalización existe y no es para tomarlo a risa. Para el ciudadano de a pie (lo cual no significa que no pueda tener coche o ir en autobús o bicicleta, pero es una expresión que siempre me ha gustado) la globalización puede no ser muy aparente, puede no resultar una panacea de bendición económica o una maldición apocalíptica, pero existir, existe. Suele caracterizarse en sus comienzos por la apertura de un nuevo macro-centro comercial, una conocida multinacional de muebles, un restaurante con sabor “plenamente americano”, etc. Este primer síntoma indica que la globalización ha llegado a su pueblo o ciudad. ¡Enhorabuena! Tras el primer síntoma de infección global empieza la propagación y los efectos secundarios. Las tiendas pequeñas empiezan a cerrar, ya que la competencia con Goliat, excepto en bíblicos casos no realistas, suele acabar con la aniquilación de David (el pez grande se come al chico, que dicen). Las penurias de los dueños de las tiendas pequeñas empiezan, y con ellas las de la comunidad que les rodeaba. Estas penurias no son desdeñables, pero son al menos localizadas a unas “pocas” familias. Mucho más desfocalizadas y globales son las penurias de los clientes que visitaban esas tiendas. Estos clientes, infectados por un afán modernista y global empiezan a visitar y comprar en el nuevo gigante. No es criticable, pues la globalización tiene su aspecto positivo. Los horarios suelen ser más amplios, los precios más bajos, el efecto “cool” más grande. Pero, cuando ya es demasiado tarde, descubren el lado negativo. La variedad, que parece subir al principio, baja en picado. La variedad existía con el comercio pequeño, pues permitía comprar en éste o en el gran establecimiento global pero, al cerrar el pequeño comercio, la variedad muere. A un pequeño comercio le sale rentable vender tagarnina de la sierra, a un comercio global no. ¿Tagarnina de la qué? ¿Y a cómo están las acciones de eso en el NASDAC? A veces también baja la calidad junto con el precio. La herramienta comprada hecha quien sabe dónde por quien sabe qué, se dobla como si fuera de plastilina y pan mascado. El servicio al cliente desaparece o, cambia de forma tan substancial que es como si no hubiera: Ya nadie sabe tu nombre ni tus necesidades, y eres tratado de forma profesional, es decir, impersonal. El vendedor generalmente no conoce al 100% lo que vende y, puesto que es sólo un empleado de una gran tienda, no se interesa tampoco demasiado. Los consejos de “Paco el mecánico” son substituidos por la revista “Bricolaje de Encaje, como hacer mueble con nuestras tablas homologadas”, y las discusiones con el tendero sobre el tópico “Como esto que me vendiste no me sirve...¨ se transforman en una llamada de teléfono a un número gratuito, varios minutos de espera y un incasable: “Para reportar olores sospechosos en moluscos y bivalvos pulse 1, para crustáceos 2”.
Con la globalización llega la estandarización. Todo el mundo tiene los mismos muebles y compra los mismo (o similares) cereales de desayuno. Visitas a un amigo en Zurich y descubres que tiene los mismos muebles que tú. Viajas a Tailandia y te ves envuelto en un centro comercial que, excepto por los letreros en tailandés y la música con toques melódico-exóticos, es exactamente igual que el tenías a la vuelta de la esquina cerca de tu casa. También llega la posibilidad de corrupción. No es que dicha posibilidad no estuviera antes, no es que sea nueva, pero las posibilidades de corrupción del tendero de la esquina son ínfimas en comparación con las de la super-cadena de productos que sea. Un pequeño empresario con excesivo afán de ganancias puede hacer un pequeño daño a sus empleados, un gran empresario con una enorme red de tiendas hace un daño mucho mayor. No es que sea más malo, no seamos tan ingenuos, simplemente es que su poder y capacidad es mucho mayor.
Así pues, entonemos cánticos para que la globalización no llegue demasiado fuerte a nuestro nicho ecológico particular, y si llega, ya sabemos que pasará: Pasará que tendremos que cerrar nuestra tiendecita y trabajar para la globo-competencia, donde los productos serán mucho más baratos sí, pero aún así caros para el nuevo salario que tendremos. Pero eso sí, todo parecerá mucho más moderno.
